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Mi Tribuna

La banda de Podemos

Marzo 21, 2016
pablo iglesias 3

Siempre he pensado que Podemos era un partido de ciclos. Un partido con más presente que futuro pese a que hoy se manejen encuestas o datos que puedan hacer pensar lo contrario. Su nacimiento, al albur del movimiento del 15-M, provocó una ilusionante explosión inicial alentada por su mediática capacidad propagandística que tumbó las mejores estrategias del PSOE porque el PP, en esto de la comunicación, sigue fuera de concurso.

Ciclos. Primero el de su conocimiento y aceptación política con sus resultados en las elecciones europeas. Después con esa estrategia de protegerse en las elecciones autonómicas y municipales bajo el paraguas de otras marcas, sus marcas blancas, que nos dejaron estas Mareas, En Común y demás opciones que vienen a ser lo mismo pero con otra envoltura. El ciclo se completa con su llegada a esta revuelta esfera nacional donde la conjunción de sus diferentes fuerzas ha otorgado al partido un indudable protagonismo cuanto menos numérico por los diputados que suman entre todos. Y esa es la baza que quiere jugar el indiscutible cerebro de toda esta operación cíclica: Pablo Iglesias. Cíclica y cínica porque tras el trampantojo demócrata que dice exhibir se esconde un auténtico mesías con espíritu de caudillo político para que nada altere el guion de su obra.

Salirse de la línea marcada

Esos ciclos sufren alteraciones porque la base es muy endeble. Le ocurre algo parecido a Ciudadanos cuando rascas después de Albert Rivera y no hay mucho donde elegir. Y, exactamente igual que en el caso de Podemos, la situación se agrava cuando hay que descender a los territorios regionales y provinciales, donde se aprecian las verdaderas grietas de estos nuevos partidos incapaces de establecer filtros para controlar lo que tienen por debajo; como se ha conocido, situaciones de enchufismo y alteración de lo que sería el espíritu supuestamente renovador que propagan sus líderes.

Pero, volviendo a Podemos. Ya está en sus ciclos de crisis. Lo inauguró hace tiempo  Monedero cuando dimitió después de conocerse su afición al dinero procedente de Venezuela por esos asesoramientos estupendamente pagados. Le siguió Errejón, con el escándalo de la Universidad de Málaga y su beca por ni siquiera aparecer. Las diferencias territoriales saltaron por los aires en Valladolid, con el partido y su marca blanca absolutamente enfrentados, también lo hemos conocido en Madrid con una cadena de dimisiones todas ellas por disconformidad con la línea marcada.

La línea de Pablo… Iglesias

¿Y quién marca esa línea? Pablo Iglesias, por supuesto. En realidad, Podemos se considera un partido demócrata pero todo está sometido a la voluntad de su líder, dejando al lado eso que ellos llaman “las bases”. No veo muchas diferencias entre esto y lo que ellos califican como el “dedazo” de Aznar cuando situó a Mariano Rajoy en la primera línea para sucederle como candidato a la presidencia del Gobierno. Por Pablo pasan todos los movimientos estratégicos de Podemos y solo cambian los siguientes cromos de la colección. Hace unos días pulió con nocturnidad el posible brillo de Sergio Pascual como número tres para frenar los impulsos del número dos, un denostado Errejón que ahora está completamente descolocado. Todo esto entre supuestos amigos, “hermanos” de pensamiento y víctimas de las cainitas maniobras del líder.

Ahora la propuesta de Iglesias se llama Echenique. Y ya sabemos lo que significa en Podemos que Pablo Iglesias proponga. La banda toca en la dirección que marca el dedo acusador del director y no hay más que hablar. ¿Esto es nueva política? Esto es una música conocida desde hace tiempo. Es el ciclo de la crisis, que está en plena ebullición. Podemos es una banda, una banda sin más.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68