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A renglón seguido

Katmandú, cuando mueras… ¿¡qué harás tú!?

Mayo 4, 2015

Dadas las rabietas telúricas desatadas al norte de la India, debería de promoverse un encuentro universal a tres bandas entre una tríada de mortales, de difícil designación, los imprescindibles Dioses del principio de los tiempos y las tres Hijas de la Noche (Moiras) como altas representantes de las poéticas Parcas garantes del destino del hombre: Cloto –sostiene la rueca-, Láquesis –hila dando vueltas al huso- y Átropos –corta el hilo de la vida-


El objetivo a perseguir, sería crear una patrulla, muy en la línea contraria al Ministerio del Tiempo, capaz de modificar el signo de los precipitados hacia el abismo de su siempre prematuro destino, cuando se presenta de forma inopinada sobre un lienzo de infortunio y sorpresa sobrevenidos, modificando el calendario de decisiones salpicándolo de vísperas; puesto que ya se sabe, que nadie perece la víspera del resto de sus días.

Muerte y dolor a los pies del Himalaya

Esto viene a cuento por la historia más reciente de muerte y dolor instalados a los pies del Himalaya, donde los lugareños nepalíes, “partiendo de la más profunda pobreza”, han “alcanzado las más altas cumbres de la miseria” –gracias Groucho-; incluso los compulsivos amantes de la conquista de las cúspides, desde las que se puede hacer cosquillas plantares a los ángeles, sin haber iniciado la escalada hacia su crecimiento personal buscando la gloria de la insaciable superación deportiva.

Junto al despropósito de: éramos muchos y parió la abuela tierra, hay que considerar también las visitas por placer del incombustible nomadismo turístico tan ávido de ampliar el conocimiento de sus cinco sentidos; no importa el grado de riesgo propiciado por la caprichosa naturaleza, que goza de muy buena educación histórica y memoria para el futuro, como nos viene manifestando con sus imprevisibles decisiones.

Confraternización de placas

El comportamiento de la corteza terrestre es escrutable a toro pasado, y la pasarela de movimientos tectónicos nos obsequia siempre con la misma vestimenta; no cambia sus modelos, que, por cierto, funcionan como “los trajes de franela, que nunca están muy de moda, porque siempre se llevan” (Antonio, es quien lo lleva a Gala); sin importar la temporada para ejercer su lesiva actividad: vulcanismo, terremotos…

El último nuciente capricho acaecido en Nepal ha sido como consecuencia de la confraternización de las llamadas placas india y euroasiática, que permanecen en una especie continuado e inagotable noviazgo, y que como toda relación es proclive a las inevitables cíclicas crisis en una suerte de amor-odio intermitentes mantenidos en el tiempo desde su primera mirada.

La primera se desliza por debajo de las faldas de la segunda provocando un elevación del territorio, valga la anfibología íntima de la pareja, con las consiguientes consecuencias, entre las se encuentra el crecimiento de la cordillera más alta del planeta, con lo que los geodestas tienen labor por delante y hacia arriba para desempolvar el teodolito, y volver a medir la envergadura del Everest… entre otros.

Katmandú, cuando mueras… ¿¡qué harás tú!? Pues, de momento, esperar la ayuda internacional, dada la escasez de medios locales, con la incorporación de miembros de la omnímoda Guardia Civil y entregada UME tan silenciosas y efectivas ambas.

De momento, daremos las gracias a Richter y Mercalli por ayudarnos a medir, a través de los guarismos de sus particulares escalas, los peristaltismos habidos en la tripa de nuestro convulsa Tierra.

Paco de Domingo