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Otras opiniones

Juicios paralelos: el hazmereír de la justicia

Noviembre 23, 2010

Se entiende por juicios paralelos el conjunto de informaciones aparecidas en los medios de comunicación social sobre un asunto sub índice, a través de los cuales se efectúa por los medios de comunicación una valoración moral y jurídica del comportamiento de las personas implicadas en hechos sometidos a una investigación judicial. Tal valoración se convierte ante la opinión pública en una suerte de proceso de juicio paralelo en el que los medios ejercen los papeles de juez, fiscal y abogado defensor.
El art 24 CE ha reconocido la publicidad de los juicios, de modo que la sociedad pudiera tener conocimiento del cómo y por qué se llegaban a dictar determinadas resoluciones por los Tribunales competentes. A través de la publicidad se crea la posibilidad de que la Justicia se acerque al pueblo y de esta manera el poder judicial se someta al examen y control de los ciudadanos. La oralidad y publicidad son exigencias constitucionales que nos otorgan el soporte necesario para defender la presencia de los periodistas en los juicios exigiéndoles el máximo rigor informativo. No cabe duda que de esta manera los profesionales de la información ocupan una posición privilegiada a la hora de narrar los hechos y sucesos acontecidos en los Tribunales. Sin embargo, hay una diferencia clara entre el tratamiento que se otorga por parte de los profesionales de la información a la noticia dependiendo si ésta versa sobre su suceso económico, penal o si los personajes protagonistas ocupan un lugar destacado dentro del sector de la llamada prensa del corazón o prensa rosa o si por el contrario son personas anónimas.
Juicios mediáticos
No cabe duda que los juicios mediáticos son juicios paralelos que en muchas ocasiones agravan las eventuales colisiones que surgen entre los derechos fundamentales al honor, la intimidad y la imagen pues en muchos casos se montan verdaderos circos que únicamente buscan la distracción más zafia del espectador.
El principio de presunción de inocencia es únicamente aplicable en los Tribunales; sin embargo, muchas personas pueden verse afectadas por auténticas avalanchas de información y de acoso periodístico. Los derechos fundamentales deberían quedar protegidos de estos juicios paralelos lo cual sería fácil de conseguir si se respetasen los límites constitucionales.
Lamentablemente los profesionales de la información que en la gran mayoría de los casos ocupan una silla en programas televisivos no son abogados y carecen de una formación adecuada para comentar los sucesos con el mínimo rigor informativo. Erigidos así en comentaristas de sucesos, tratan de sustituir a la figura del abogado que tan necesaria se hace en estos debates, siendo así que la información llega al espectador distorsionada, manipulada y repleta de errores del máximo calibre.
Es indudable que lo anterior recobra importancia especialmente en aquellos programas llamados “de entretenimiento” en los que debaten procedimientos judiciales cuyos protagonistas son los personajes del corazón. El tratamiento es completamente diferente al que se daría comentando un suceso semejante pero con personas anónimas. De este modo, en el caso de particulares el periodista tiende más a solidarizarse con la supuesta víctima y a empatizar con ella, mientras que cuando se trata de personajes del corazón, es justo al contrario, la víctima siempre es atacada despiadadamente por los profesionales más deslenguados de la información en la búsqueda de un espectáculo sin escrúpulos.La ignorancia es muy atrevida
Los graves errores periodísticos se producen en muchos casos como consecuencia del desconocimiento de los Códigos de deontología del periodismo que imponen la búsqueda de la verdad a través del contraste de la noticia en fuentes fidedignas. Los personajes del corazón se atrincheran en sus “amigos periodistas” para encontrar en ellos a los “abogados defensores” en los platós. De este modo es evidente que quien no tiene amigos no tiene apoyo y el linchamiento mediático buscará el escarnio y la mofa implacable convirtiendo en víctima incluso al más cruel delincuente siempre que cuente con la simpatía popular.
En estos tipos de programas se recurre al sensacionalismo, que es la mezcla de información y espectáculo incumpliéndose así con lo dispuesto en el artículo 30 del Código europeo de la Deontología del periodismo “en el periodismo no se debe mezclar lo conflictivo o espectacular con lo importante desde el punto de vista informativo”.
Dicho lo anterior creo que las televisiones privadas más destacadas deberían invertir más en formar a sus periodistas, especialmente en aquellos que gritan mucho y no dicen nada, y cuando lo dicen rebuznan.



Teresa Bueyes