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Otras opiniones

José Luis Dader, modelo de quien no soporta críticas ni debates

Junio 26, 2014

En su Teoría de la Ciencia, Gustavo Bueno da mucha importancia a Los momentos polémicos y conflictivos y al descubrimiento de falacias.

Lo que no recibe el acicate de la crítica acaba por convertirse en algo fofo y blando. Por eso, la ciencia necesita la crítica, la discusión, la polémica y el debate para construir y consolidar los hallazgos.

Según Brenda Dervin, los investigadores avanzan derrotando primero a los enemigos y resulta útil mirar cómo el trabajo teórico y metodológico innovador está construido a menudo sobre fortalezas de crítica. Identifica algunas de estas polémicas: teorías universalistas contra teorías contextualixtas, investigación administrativa contra investigación crítica, teórica contra aplicada, feminista contra no feminista.

En cuanto al descubrimiento de falacias, resulta apasionante leer unos pocos libros- de Jeremy Bentham, David Hackett Fischer, Francis Wellman y Edith Efron- en los que sus autores exponen y combaten las falacias de la Política, de la Historia, del Derecho y del Periodismo. 

Si quieres descubrir falacias, comienza fijándote en cómo alguien define algo

Pues bien, como he escrito sobre Comunicación Política; como la he enseñado varios años en la Universidad Complutense, es lógico que me fije en cómo la definen otros autores. Y encontré una definición de Comunicación Política que no podía pasar por alto. En un ejercicio de responsabilidad, escribí «El humor en la comunicación política», en CIC, Cuadernos de Información y Comunicación, Volumen 15, 2010, Páginas 123-164. Al final del artículo, en las páginas 162-163, escribí «Reducción al absurdo de una definición de Comunicación Política».

La «definición» que daba Dader era ésta: «Comunicación política es la producción, difusión e intercambio de símbolos y representaciones cognitivas acerca de la política, con la consiguiente generación de percepciones y reacciones sobre la política» 

Ante todo, la «definición» de Dader supone la definición de política. Por tanto, esta «definición» viola una de las leyes de la definición: Lo definido no debe entrar en la definición (círculo vicioso: La Lógica es ciencia y arte que transmite  las reglas lógicas).

Esta «definición» tampoco tiene una diferencia específica. Se parece a esas figuras de feria, en las que un visitante sólo tiene que poner su cabeza para fotografiarse con el vestido inmóvil que elija, sea un traje de torero o un vestido de folclórica con faralaes. Si sustituimos la palabra «política» por perfumería (o cocina, o agrimensura, o timo, o pintura, arquitectura, escultura, jardinería, enterramiento, y así sucesivamente)… la «definición» valdría para cualquiera de ellas.

«Comunicación de la perfumería es la producción, difusión e intercambio de símbolos y representaciones cognitivas acerca de la perfumería, con la consiguiente generación de percepciones y reacciones sobre la perfumería». 

O «Comunicación de los servicios funerarios (antes, pompas fúnebres) es la producción, difusión e intercambio de símbolos y representaciones cognitivas acerca de los servicios funerarios/pompas fúnebres, con la consiguiente generación de percepciones y reacciones sobre los servicios funerarios/pompas fúnebres ».

Por tanto, también viola otra de las leyes: La definición debe ser convertible con lo definido. Aquí, la «definición» es mucho más amplia que lo definido.

Incluso, la «definición» se adaptaría mejor a esos sectores de la realidad. Efectivamente, Dader emplea la expresión «percepciones y reacciones», en la que parece actuar la confusa presencia de una idea de conducta psicológica que no viene a cuento (las reacciones podrían ser hormonales; se adaptaría mejor a la cocina, perfumería, etc). Es decir, el autor debería haberse expresado así: «percepciones y reacciones políticas sobre la política». Con lo cual, habría puesto peor las cosas.

La «definición» incluye una redundancia que prácticamente es una ridiculez: «símbolos y representaciones cognitivas»: ¿cómo podría hablarse de símbolos sin representaciones cognitivas, o viceversa?

Dader no refuta ni debate. Prefiere delatar y censurar
 

Si la primera vez que descubrí la falacia de la definición de Dader lo hice en una revista académica, volví a criticar esa definición en un digital. También, su definición de periodismo político. Pues bien, José Luis Dader no escribió para refutar mis críticas, no debatió mis puntos de vista. Lo que hizo fue lo que he explicado en mi artículo anterior, «Comisión de Quejas de la FAPE: ¡aprende la lección que da una Magistrada-Jueza!»

Sólo faltaba que José Luis Dader, o la citada María Dolores Masana, o que Araceli Manjón, entonces Directora de la Inspección de Servicios, y ahora Secretaria General de la Complutense, o que José Crespo Alía, Coordinador de la Inspección de Servicios, o que Víctor Manuel Fernández Martínez, instructor del Expediente, o que José Carrillo, Rector, fueran a impedir el derecho a la libertad de expresión. Lo han intentado, pero han fracasado. Una Magistrada Jueza los ha puesto, directamentee indirectamente, en su sitio.Aquellos pasarán; el derecho a la libertad de expresión, no.

Las consecuencias que acarrea José Luis Dader

Si Dader creía que me iba a callar, estaba muy equivocado. Al enterarme de lo que había hecho, creí que era mi responsabilidad escribir varios artículos sobre cómo ha sido la trayectoria de Dader en su vida universitaria. Quien desee conocer la catadura moral de Dader, que lea «Universidad de Salamanca 5 – José Luis Dader 0»y «Universidad Complutense-José Luis Dader. Una goleada de escándalo». El caso es que no se le conocen incidentes de cuando estaba en la Universidad de Navarra, del Opus Dei. Todos los escándalos que ha creado han sido en Universidades públicas.

Es decir, que si se hubiera limitado a rebatirme, probablemente otros compañeros no me hubieran pasado parte de la información que me sirvió para escribir los artículos. La manera en que obró hizo posible que, a partir de ahora, José Luis Dader sea conocido tal cual es.

Al denunciarme a la Comisión de Quejas, provocó que otros compañeros se pusieran a indagar en el funcionamiento de esta Comisión y a compararla con las que operan en otros países europeos. Resultados: Se dieron cuenta de que esta Comisión está lejos, pero muy lejos, de las otras comisiones europeas. Y al darse cuenta de que esa Comisión no ofrece el derecho al Recurso, más de 2.500 personas firmaron en un tiempo récord para que esa Comisión cambie sus maneras de proceder. Y no será extraño que vuelvan a movilizarse hasta lograr el cambio.

Si no hubiera pedido la supresión de mis artículos, ahora no iría adquiriendo fama de censor.

Al haber aceptado algunos responsables de la Universidad Complutense incoar el expediente que solicitó Dader y proponer una sanción de un mes, se han encontrado con que han perdido el juicio y que ahora van a tener difícil quitarse de encima que están contra el derecho a la libertad de expresión.

Si me hubieran consultado, les hubiera dicho a todos: «La experiencia dice que quien apoya a José Luis Dader, tarde o temprano acaba perdiendo. Porque Dader es un perdedor».

Alguien puede pensar que todo esto es una cuestión personal. Pues claro, no va a ser mineral ni vegetal ni animal. Pero aquí no se trata una disputa entre dos personas, porque realmente no hay encontronazo. Sencillamente, yo critico y Dader delata y censura. Entonces, la cuestión importante es que otras personas, profesores/as y estudiantes conozcan las armas de Dader y no las teman. Hasta ahora, ha perdido o ha hecho perder a otros/as. ¿Por qué va a suceder algo distinto de aquí en adelante? Lo importante es que la Universidad Complutense y cualquier Departamento en el que esté Dader, funcione bien, o muy bien, porque él no logre que sus maniobras den los resultados que él pretende, sino exactamente los contrarios. Es el camino para ganar un auténtico prestigio personal y de cualquier organización.

Felicísmo Valbuena