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A renglón seguido

Johan “Sebastian” Cruyff

Marzo 29, 2016
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La riqueza de un país se acredita con las señas de identidad procedentes de su cultura, tecnología, biodiversidad… imprimiéndole el carácter por el que es reconocido por lugareños y foráneos. Tulipanes, molinos de viento, quesos, diamantes, tabaco y tela eran tradicionalmente la impronta identificativa de los Países Bajos.

A todos estos factores se sumó en los años setenta uno que se difundió con rapidez: el football. Pero no como fenómeno de masas, cota que ya había alcanzado, sino como manifestación de la plasticidad y estética deportivas. Y todo gracias a la maquinaria humana construida, pulida y engrasada por un grupo humano bien engranado y liderado por JohanSebastianCruyff. Había nacido la dictadura del incipiente pentagrama del “fútbol total” con Johan I de Holanda y V de España.

Acuñaron los críticos un nuevo cítrico futbolístico: la Naranja Mecánica, a la que aportó dulces gajos de genialidad y magia, exprimiendo su rendimiento hasta conseguir el zumo del éxito, dejando la pulpa del sudor en el campo. Costalero de sus equipos, se echó a la espalda el paso de la responsabilidad y sobre el dorso el peso del compromiso convirtiendo ambos en efectividad y resultados.

Penúltimo trofeo para las tabaqueras, que le brindaron la caída a las galeras del infierno cardiovascular como acto previo a su encadenamiento al remo de leviatán, presentándose en silencio ante el cancerbero del averno tumoral. Ció en la tormenta de insuficiencia coronaria para acabar bogando contra corriente y zozobrar en el remolino de la parca, que lo engulló prematuramente en el invierno de sus dominios con su implacable naturalidad.

Una maleta de conquistas

Del cigarrillo al Chupa Chups: después de veintiséis años del “sabor de la aventura” a la aventura del sabor. Quiso poner un dique de contención entre su vida y el más allá –infructuoso intento-, que siempre nos lleva a mal traer de acá para allá, sucumbiendo ante el máncer del cáncer. Un boercelonista que se manejaba en una especie de catallano o castelán; que bebió los vientos por el equipo azulgrana, poniéndose de Levante, cuando poniente, con el equipo “granota”. Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona: cuadriga consumada de ganadores guiados por el mismo auriga: el talento.

En la retina: el 14 y el 9; gol de espuela frente al “Atleti”; el 0-5 del Bernabéu; regate a Olsson; la jugada previa al 1-0 contra Alemania; penalty indirecto; “bicicletas”; “rondo”… entre otras delicatessen. Un convincente Loco del Pelo Rojo holandés se dio una estocada en una oreja, y el desmelenado neerlandés remató su faena en la Castellana saliendo del estadio por la puerta grande. Su maleta de conquistas de corto: Bota de oro, Balones de oro, copas de Europa, subcampeonatos del mundo, campeón de ligas… De largo (como azulgrana): 4 Ligas consecutivas, Copa del Rey, Recopa y Copa de Europa.

Ni las Sagradas Escrituras ni los apócrifos recogen la existencia del fútbol con J.C. (Jesus Christ) “en aquel tiempo”, pero es axiomática la figura del mesías bátavo del balón J.C. (Johan Cruyff) contemporáneo.

Paco de Domingo