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Los puntos cardinales

Jinping, entre la democracia y el secesionismo

Septiembre 30, 2014

La semana pasada veíamos a un muy sonriente Mariano Rajoy estrechando la mano de Xi Jinping, el hombre que prepara China para ser la mayor potencia mundial en 2020. Es curioso que el presidente del Gobierno español y el máximo responsable del régimen de Pekín compartan desvelos separatistas. Nada más bajarse del avión a su regreso a Madrid, Rajoy tuvo que ponerse manos a la obra ante algo tan anunciado y sabido como el órdago soberanista de Artur Mas. Desde luego, las circunstancias entre los dos países son muy diferentes, pero incluso la superpotencia del futuro hace frente a pulsos identitarios como el de los uigures de la provincia centroasiática de Xinjinag, una población musulmana emparentada con los turcos que no acepta saberse en inferioridad de condiciones económicas y sociales frente a la minoría han china.

Pero ese territorio es remoto, es la China de la ruta de la seda, nada que ver con los movimientos de ansia democrática que se vienen sucediendo en Hong Kong o la consolidación de un sistema de libertades en Taiwán, la antigua isla de Formosa. Xi Jinping ha cambiado la forma de manejar el timón de la inmensa nomenclatura alrededor del Partido Comunista Chino, y ha sabido aplicar recetas para combatir la corrupción, muy arraigada durante décadas. China es un incuestionable poder económico y militar y su expansión por todos los rincones del planeta le hacen determinante para el futuro de buena parte de América Latina o de África. Pero los hábitos democráticos siguen brillando por su ausencia. Tanto Taiwán como Hong Kong tienen similitudes. La isla y la antigua colonia de Londres son importantes focos de innovación y tecnología.

El ejemplo de Taiwan

Los taiwaneses han disfrutado de un sistema de homologación democrática que se desarrolló a partir de la evolución del partido único, el Kuomintang. Y ahora manifiestan en púbico su apoyo a Hong Kong en las calles de Taipei en un fenómeno inédito que los gobernantes chinos contemplan con recelo por temor a un efecto contagio. En la antigua colonia los movimientos ciudadanos han tomado el centro urbano como muestra de fuerza para evitar que en las Elecciones de 2017 Pekín manipule las listas de candidatos y coloque una marioneta a instancias del régimen. Hay aspectos novedosos, como son la relativa mesura y contención con las que las autoridades del gigante asiático han gestionado las multitudinarias protestas del movimiento Ocupar el Centro. Aunque a lo largo del día de hoy habrá que estar muy atentos porque se celebra la Fiesta Nacional en conmemoración del nacimiento de la China comunista y los sentimientos estarán a flor de piel.

La llegada de Xi Jinping, como apuntábamos, generó una cierta confianza en los ansiados vientos de cambio. En Hong Kong algunos incluso le comparaban con Deng Xiaoping, “el Pequeño Timonel” que puso en marcha las principales reformas, incluida la devolución del territorio por parte del Reino Unido en 1997, un hito en la historia del Imperio Británico que Deng no llegó a ver. China muta y tiene que seguir haciéndolo en todos los ámbitos si aspira a que el epicentro de las decisiones en las finanzas mundiales se traslade de Manhattan a Shanghai dentro de un lustro.

La censura de Pekin

En una potencia tecnológica como esta, intentar limitar las telecomunicaciones es como prender tapar el Sol con un dedo. De momento, Pekín ha bloqueado la red social Instagram para evitar la propagación de imágenes y eslógans del movimiento Ocupar el Centro. Pero nada ha evitado que las instantáneas y los planos de ese clamor democrático hayan dado la vuelta al mundo. Quizá algún asesor de confianza haya tenido la osadía de sugerirle a Xi Jinping que la China de hoy no es la de Tiananmen en 1989 y que es inútil hacer oídos sordos a las demandas democráticas. Y con una buena dosis de valor, subrayar la conveniencia de pilotar las reformas desde dentro del propio PCCh.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero