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Otras opiniones

Javier Sierra, un genio exportable

Septiembre 7, 2011

Recuerdo una conversación sosegada,  al calor de un café matinal, en el Hotel Palace, de Madrid, con el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, años después de que le concedieran el Nobel de Literatura en 1990 y muy cerca de su muerte, lo que convirtió la entrevista en una de los últimos testimonios de este creador literario, lance profesional en la que casi me especializa fatalmente el azar: Santiago Bernabéu, Severo Ochoa, Carlos Cano…. Una de las cosas que resalté en la entrevista fue una advertencia que hizo a los tiempos que venían: “El mundo será de los que leen libros. Como en la Edad Media, habrá letrados e iletrados, los segundos serán el rebaño”, dijo el autor de Luna silvestre, criticando la preponderancia del mundo de la imagen en las nuevas generaciones con desprecio de la lectura. El rebaño que señalaba el poeta se refería al consumidor en el sentido más amplio de los dictados de los letrados: política, ideas, productos…

El escritor  Javier Sierra (Teruel, 1971), que se confiesa lector del Extracondidencial.com y de todos los periódicos de papel al alcance de un móvil, dice que Paz tiene sólo una parte de razón: “Depende de lo qué se lea”, señala. Efectivamente, hay lecturas prescindibles, que no conducen a ninguna parte y cuya trascendencia, afortunadamente, es tan limitada como el patio de una casa. Una opinión que choca con el voluntarismo de algunos ámbitos psicológicos donde se comparan los bienes de sabiduría y lectura con los que produce el ejercicio físico en el cuerpo. Tampoco es eso.

En España se consumen lecturas a barullo. Y también carecemos – salvo escasísimas excepciones—de escritores exportables, autores que como el Rioja o el Jabugo sean capaces no sólo de deslumbrar en los mercados  exteriores sino de contrarrestar la  importación de la avalancha de literatura-hamburguesa -liderada por la basura codificada de Dan Brown- que no sólo ha calado en nuestros ámbitos marujiles y otros, aparentemente más cultivados, sino que se suele imitar hasta el aburrimiento. No hay más que echar un vistazo a los escaparates de las librerías y a los stands de los grandes supermercados: para muchos autores españoles el horizonte creativo no es  más que un enigma lleno de brujas,  monjes misteriosos, secretos de catedrales y otras costuras.  Además, en tomos enormes, pobres bosques.

 Después de sufrir el castigo editorial de Dan Brown con su “Código da Vinci”, nadie esperaba un éxito como el que obtuvo Javier Sierra en más de 40 países con su novela “La cena secreta”, editada en España por Plaza&Janés, obra que interpreta claves secretas de Leonardo Da Vinci a través de su famoso mural, conservado en un convento de Milán. En Estados Unidos lo editó Atria Books, una división de Simon& Schuster, lo que supone de salida cientos de miles de ejemplares. Esta firma edita al famoso autor de best-sellers mundiales Stephen King, a quien por cierto, Javier Sierra superó, al colocarse el sexto en la lista de los libros más vendidos del diario The New York Times, donde se mantuvo durante ocho semanas consecutivas; también ocupó puestos cimeros en el Wahsington Post, en Los Angeles Times—palabras mayores en la difusión–, en fin, algo que ningún escritor español halogrado hasta hoy, incluido el Nobel Cela y otros más modernos cuya tabarra mediática es habitual. Y así continuó arrasando en muchos países: Alemania, Noruega, Canadá, Australia…  Un crítico estadounidense, explicándose este éxito, señaló que Javier Sierra escribía mucho mejor que Dan Brown, no descubrió América precisamente. La revista Críticas Magazine, órgano profesional literario del mundo hispano en Estados Unidos, que le dedicó la portada, calificaba a Sierra como “la mayor exportación española desde el vino de Rioja”

Otro caso de proyección millonaria internacional –y pare usted de contar- es JJ Benítez, que como Javier Sierra centra sus obras en la investigación del lado más oscuro de la Historia. Pero tiempo habrá para hablar de JJ Benítez, cuya saga exitosa de El Caballo de Troya acaba con la aparición de la última entrega- la novena– dentro de un par de meses.

Ahora, Javier Sierra está arrasando otra vez – es el número uno en ventas, en España- con El ángel perdido (Planeta), un apasionante thriller histórico que arranca en una noticia que recibe una restauradora del Pótico de la Gloria de Santiago de Compostela.

Javier Sierra asegura que es imposible comprender la Historia -con mayúscula-, sin detenerse en las páginas mágicas, místicas, ocultistas y herméticas que “escribieron” grandes personajes del pasado. De Colón a Alejandro Magno, de los padres de la Revolución Francesa a Velázquez, Napoleón, el rey Salomón o Juan Pablo II. Esos y otros artífices de la Historia protagonizaron aventuras sorprendentes, mantenidas ocultas al gran público. Son, precisamente, las más despreciadas por los sesudos historiadores oficiales. No es extraño que el filósofo español de mayor proyección mundial – sí, más que Unamuno y Ortega, ya nos ocuparemos de él, otro día—Georges Santayana, con su escepticismo lúcido habitual calificara a este gremio: “Muchas veces la Historia suele ser una sarta de mentiras sobre hechos que nunca sucedieron, contada por gente que nunca estuvo allí”.

Las investigaciones de Javier Sierra, curtido, pese a su juventud en mil batallas del mundo de la investigación director de la revista “Más allá”,  director de programas de televisión como “El otro lado de la realidad”,  radio, etc entroncan con una idea de reconstrucción de la Historia, al margen de la versión oficial: “Vivimos – dice—una época en la que ya ha quedado claro que no podemos fiarnos de las versiones oficiales de nada. Hace poco nos dijeron que había armas de destrucción masiva en Irak y no era cierto. Y como esa, la Historia está llena de mentiras. Lo que ofrecen este tipo de libros es luz sobre aspectos prohibidos, censurados o deliberadamente destruidos de nuestro pasado. Y eso está ayudando a muchos lectores, de todo el mundo, a construirse otra visión de la Historia… al margen de las verdades institucionales”.

No destripemos el misterio de “El ángel caído”, pero sí apliquemos el método investigador de Sierra a un personaje cercano: Cristóbal Colón, misterioso como pocos. Este escritor lo ha trabajado a fondo.

Despejado el que parecía el último misterio sobre Cristóbal Colón por un equipo científico de la Universidad de Granada que determinó hace poco, a través de pruebas genéticas, que los escasos restos guardados en la catedral de Sevilla serían los auténticos del marino descubridor del Nuevo Mundo y no los que se conservan en la catedral de Santo Domingo, aún quedan muchos enigmas en torno al legendario personaje, incluso sobre este asunto. Se han investigado restos de su hijo Hernando y de su hermano Diego. ¿Pero son realmente restos de ambos? ¿Los restos de Santo Domingo son los que le faltan al troceado esqueleto en Sevilla? En lo único que coinciden los historiadores es en que Colón murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506 y que tras su muerte sus restos fueron inhumados en un monasterio de la ciudad castellana. Luego empezó un misterioso peregrinaje: tres años más tarde los restos fueron trasladados a un monasterio de Sevilla y, en 1537, a la catedral de Santo Domingo (a la sazón isla de La Española), junto a los restos de su hijo Diego. Cedida La Española a Francia, en 1795, una osamenta, que se creía supuestamente de Colón, fue exhumada en la parte trasera de la catedral y trasladada a La Habana, y posteriormente a Sevilla.

Cinco siglos después de su muerte, el mito y la historia se confunden en torno a este polémico y misterioso personaje del que nadie ha podido todavía determinar su origen: ¿Era genovés, catalán, gallego, extremeño, alcarreño, mallorquín, francés, griego, corso…? ¿Era judío, templario, negrero…? Javier Sierra, publicó un magnífico libro “La ruta prohibida” (Planeta) tratando de revelar los misterios que ocultó Colón en la preparación de su expedición al Nuevo Mundo, lo que, teniendo en cuenta la aureola mítica, misteriosa y polémica del personaje, convirtió su obra en un best-seller.

¿Cristóbal Colón está entre los mentirosos de la Historia? “Estoy convencido  -responde Sierra­- de que Colón hizo el viaje sobre seguro, engañó a mucha gente. La casualidad me puso en contacto con lo que pudo ser la clave. En agosto de 1998 puse pie en Estambul con el firme propósito de investigar la historia de uno de los mapas más curiosos del mundo. Mi objetivo era un portulano de cinco siglos de antigüedad. Lo que indagué, de aceptarse lo que cuentan sus inscripciones, nos obligaría a reescribir la historia del descubrimiento de América. El atlas en cuestión, fechado en 1513 y dibujado sobre una piel curtida de gacela de apenas 90 x 65 centímetros, describe en detalle las costas atlánticas de España y Portugal, el cuerno de África, y buena parte de Centro y Sudamérica. Pese a que también incluye los perfiles de islas como las Maldivas –que no se cartografiarían hasta 1592– y marca el nacimiento del río Amazonas en los Andes –circunstancia ignorada a comienzos del siglo XVI– esos son, realmente, los menores de sus enigmas. Esta carta es razonablemente conocida, sin embargo, pocos saben que fue pergeñada por un navegante turco llamado Muhiddin Piri Ibn Aji Mehmet, más conocido como Almirante Piri o Piri Reis, y concebida como un regalo para el entonces sultán otomano de Egipto. No hay libro de mapas que aborde la cartografía del Nuevo Mundo que no lo incluya en un lugar de honor. A fin de cuentas, mucho antes de que los cartógrafos europeos se ocuparan de dibujar los detalles de América, un turco lo había hecho con una precisión pasmosa. Pero, ¿cómo? Paradójicamente, documento tan manido esconde aún una bomba de relojería para los americanistas. Piri Reis, el hombre que lo pintó, se cuidó mucho de contar la historia de su atlas en un largo texto que escribió sobre el perfil americano. Cerca de la actual Cuba, insertó una frase explosiva: «Estas costas reciben el nombre de playas de las Antillas. Fueron descubiertas en el año 890 del calendario árabe, y se cuenta que un genovés infiel, de nombre Qulünbü (Colón), fue quien halló estos lugares».

Si, como parece, Colón descubrió América. ¿Cuál es el misterio? Javier Sierra señala el que parece el nudo del enigma: “Casi nadie se ha fijado hasta ahora: aquel «año 890 del calendario árabe» es una fecha anacrónica. Otra más en la curiosa historia secreta del Descubrimiento. Se corresponde con el año 1485 del calendario cristiano. Y en 1485 faltaban, oficialmente, siete años para que un europeo pusiera pie al otro lado del Atlántico. ¿Fue un error del turco? ¿Se equivocó al adelantar la fecha del Descubrimiento? ¿O quizá no?

Javier Sierra pidió a una funcionaria turca que le leyera la inscripción en turco antiguo y el resultado fue: “890 del calendario árabe…Tal vez 896. No está muy claro. Pero ciertamente parece 890, que significa 1485, 0 1491».

Según Javier Sierra, con la revelación de esta fecha había valido la pena todo su esfuerzo investigador. Cuenta que allí se escondía un gran enigma, el principal en torno al viaje de Colón.”Al seguir leyendo aquel texto, descubrió que Piri Reis había elaborado su mapa de América gracias a las informaciones proporcionadas por un prisionero español que había acompañado a Cristóbal Colón en sus tres primeros viajes. Fue éste quien le facilitó todos los detalles y quien le habló de cierta carta (un protomapa, debería decir) que llevaba consigo el almirante para su empresa.

 

Pero, se pregunta Sierra: “¿por qué erró el prisionero al dar la fecha del primer viaje de Colón al Nuevo Mundo? ¿O quizá no lo hizo?  Como se ve, los misterios pueden ser interminables.

OBRAS DE JAVIER SIERRA

2011: El Angel Perdido (Editorial Planeta).

2008: La Dama Azul (Editorial Planeta). (Ampliada y corregida)

2007: La Ruta Prohibida (Editorial Planeta).

2004: La Cena Secreta (Editorial Plaza & Janés).

2002: El Secreto Egipcio de Napoleón (Editorial La Esfera de los Libros).

2000: En Busca de la Edad de Oro (Editorial Plaza & Janés).

2000: Las Puertas Templarias (Editorial Martínez Roca).

1998: La Dama Azul (Editorial Martínez Roca).

1997: La España Extraña (Editorial EDAF), en colaboración con Jesús Callejo.

1995: Roswell, Secreto de Estado (Editorial EDAF).