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Los puntos cardinales

Italia, inmigrantes y racismo en el “calcio”

Diciembre 20, 2011

Los ataques racistas se están convirtiendo en uno de los principales problemas de la República Italiana, por si la crisis económica no fuese suficiente. Lo malo es que la espiral gira en bucle de un modo tal que nadie es capaz de aportar soluciones duraderas a un conflicto cuyos orígenes tienen varios frentes diferentes. Uno, quizá el más curioso, desde la izquierda. Corría el año 2008 cuando Walter Veltroni, entonces alcalde de Roma, aseguró en público que más de la mitad de la delincuencia registrada en la ciudad eterna era cometida por bandas de gitanos rumanos.

El primer edil decía contrastar esos titulares tan polémicos en boca de un político progresista con los datos proporcionados por la policía. Ese mismo año, Veltroni dejaría el consistorio de la capital para concurrir a las Legislativas al frente de la candidatura del centro-izquierda, que cosechó una sonora derrota frente a Silvio Berlusconi. Son estos asuntos del color de piel muy complejos. Y por ello me vienen a la memoria los comentarios que el propio Berlusconi hizo de Barack Obama, al que con evidente poco acierto calificó de “bronceado”.

El fútbol, laboratorio de experiencias xenófobas

Y, situados en el campo de la derecha, fue precisamente el principal apoyo de Il Cavaliere, su socio Umberto Bossi, quien en su día propuso que la Armada italiana hundiese a cañonazos los barcos que intentaban llegar a puerto repletos de ilegales o, como acostumbran decir los italianos, de “extracomunitarios”. El fútbol, que tanta pasión levanta, también se convirtió en laboratorio de experiencias xenófobas, la más conocida la del jugador del Inter de Milán, Mario Balotelli, cuyos padres eran de Ghana aunque él fue adoptado por una familia italiana. Los estadios transalpinos suelen ser auténticas ferias de parafernalia fascista, sin que los dirigentes de los clubes parezcan tener el menor problema con esa forma tan racial de entender el “calcio”. Incluso en algunos campos de fútbol se ha llegado a escuchar el eslogan “no hay negros italianos”.

Las alarmas se han encendido en los últimos días tras el incendio de un campamento de gitanos rumanos en Turín y del asesinato a tiros de dos senegaleses en Florencia. En el primero de los casos, una falsa denuncia de violación de una adolescente dio lugar a que una turba de exaltados arrasase el asentamiento. Muchos de los que participaron en el asalto lucían insignias y escudos de la Juventus, el orgullo balompédico local. En el caso de los senegaleses, su asesino comprobó cómo rápidamente las redes sociales recogían testimonios de apoyo y comprensión.

A lo largo del año, la isla de Lampedusa ha estado en los medios y los italianos han podido conocer la verdadera magnitud del fenómeno de la inmigración masiva. Incluso Marine Le Pen aprovechó una visita a ese pequeño territorio insular para alertar sobre el peligro de una avalancha procedente del Norte de África. Desde luego, Mario Monti y su equipo de tecnócratas tienen mucho que hacer para sacar al país del abismo. Además de las medidas económicas, deben propiciar un clima social que rebaje esos sentimientos de choque interracial. Y obligar a las instituciones y a los clubes de fútbol a observar la Ley y no ver en los gritos racistas la lógica reacción a un penalti mal tirado.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.