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Los puntos cardinales

Irak: carambola a tres bandas y fracaso histórico

Junio 17, 2014

Los invito a que consulten en las hemerotecas o en cualquier soporte documental para que analicen cómo ha evolucionado la política internacional de la primera potencia del mundo desde 1979, con la vista puesta en una amplia zona de Oriente Medio. Aquel año, el ayatolá Jomeini lograba derrocar el régimen imperial del Shá Reza Palevi y éramos testigos del éxito de la primera revolución islámica ante las cámaras de televisión. En la frontera occidental, Sadam Hussein gobernaba Irak con puño de hierro, producía una considerable cantidad de barriles de petróleo, las mujeres iraquíes ocupaban puestos oficiales de responsabilidad y había un respeto interreligioso. Ronald Reagan llegó a la Casa Blanca y rápidamente buscó frenar la revolución iraní. En 1983, el presidente norteamericano envió a Bagdad a Donald Rumsfeld, -¿les suena? -, para garantizarle a Sadam todo tipo de apoyo material.

Veinte años después, Rumsfeld dirigiría el Pentágono durante el primer mandato de George W. Bush y sería uno de los principales protagonistas de la gran farsa diseñada en Washington y cuyo guion se ultimó en las Azores, con Tony Blair y José María Aznar como entregados actores secundarios. La aventura concluyó con el ahorcamiento de quien durante años había sido el mejor amigo en la zona. Entre 1980 Y 1988, Irak e Irán libraban una encarnizada guerra que en ningún momento llego a inclinar la balanza claramente hacia uno de los bandos y que concluyó con la ONU instando al alto el fuego tras la devastación sufrida por las principales ciudades, como fue el caso de Teherán. Los iraníes habían mantenido secuestrada la Embajada norteamericana en Irán durante 444 días, lo que a la postre anularía cualquier posibilidad de reelección de Jimmy Carter.

Bandazos superlativos

Los bandazos de las sucesivas administraciones norteamericanas han sido superlativos respecto de los dos países. El Irak aliado que podía frenar al demonio del Islam de los ayatolás acabó destrozado por una invasión que, once años después, ha demostrado su absoluta inutilidad. El odio sectario, la impericia del primer ministro Nouri Al Maliki y unas fuerzas armadas cobardes y con escasa formación han enterrado la historia legendaria de un país que figuró entre las primeras potencias petroleras del mundo, que gozaba de unión, -aunque por la presión del miedo, bien es verdad- , y cuyo ejército era un garante de seguridad. La coalición liderada por Bush cometió el error garrafal de eliminar a las figuras militares más notables y a las del Partido Baaz, de modo que fue imposible una reorganización de las dos principales instituciones iraquíes. Cada día vemos en los medios que el país avanza inexorablemente hacia una guerra civil sectaria porque nadie en el Gobierno es capaz de garantizar la convivencia entre kurdos, chiítas y sunníes, y con las facciones más radicales de estos sumándose al ISIL, que añora el califato y la sharia más irracional.

Mientras, Barack Obama sopesa el papel de Irán, el antiguo enemigo que a fecha de hoy es el único apoyo sustancial para detener el avance imparable de quienes en su día rompieron con Al Qaida para poner en marcha una jihad mucho más brutal que la de la base fundada por Bin Laden. Como les sugería al comienzo de estas líneas, repasen lo ocurrido estos años para ver si son capaces de entender esta incomprensible carambola a tres bandas, mientras se corre el riesgo de que se instale un estado islamista radical a base de ejecuciones sumarias. Es decir; si nadie lo impide, cada vez está más cerca de consolidarse lo que las diferentes administraciones de Washington llevan treinta y cinco años intentado evitar por todos los medios.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.