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Mensaje en una botella

Insectos, duchas frías y yogures caducados

Mayo 22, 2013

El ministro Miguel Arias Cañete es como el niño de El sexto sentido, pero comiendo insectos en lugar de viendo muertos. En ocasiones, según reconoció hace una semana, ha comido insectos. Sin embargo, se muestra partidario del consumo de otros alimentos “más sabrosos y con una representación más atractiva”. El titular de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente es un todoterreno. Es un hombre dispuesto a los desafíos más extremos que seamos capaces de asumir los habitantes de esta civilización occidental que, pese a las adversidades de la crisis económica, no parecemos dispuestos a cambiar algunas de nuestras costumbres más confortables.

¿Comería usted insectos? ¿Se prestaría a comprobar si el sabor de semejante manjar es comparable o supera incluso al de algunos alimentos que nos zampamos habitualmente? Como todo sabemos, se trata de una cuestión cultural y tradicional. Pero, ¿le apetece tragarse un artrópodo de respiración traqueal, con el cuerpo dividido distintamente en cabeza, tórax y abdomen, con un par de antenas y tres de patas?

Si la respuesta a esta última pregunta es no, tal vez sea porque prefiere tragarse un animal vertebrado, ovíparo, de respiración pulmonar y sangre de temperatura constante, pico córneo, cuerpo cubierto de plumas, con dos patas y dos altas aptas por lo común para el vuelo. Tal vez haya respondido no porque prefiere tragarse un bóvido que presenta cabeza gruesa y provista de dos cuernos, piel dura, pelo corto y cola larga. Es decir, que a usted no le apetece comer un insecto porque prefiere un pollo o una ternera. Pero, ¿acaso hay tanta diferencia entre ellos una vez que nos paramos a pensar en sus descripciones?

Un hombre que predica con el ejemplo

Sin duda estamos ante una cuestión de costumbres. Como con los yogures caducados. confesó en enero de este año que si veía un yogur en la nevera “ya puede poner la fecha que quiera, que yo me lo voy a comer”. Comer yogures caducados es una costumbre tal vez poco extendida en Occidente, salvo que seas un dejado o que el yogur sea el único habitante de la nevera. En esos casos, el comportamiento del ministro parece algo tan natural como el yogur. Pero ciertamente no es habitual zamparse yogures caducados. Sobrevuela aquí esa misma leyenda urbana que aprendimos de pequeños, según la cual sólo puedes meterte en el agua dos horas después de haber comido.

La temperatura del agua resulta clave también en otro de los comportamientos que distinguen al ministro Arias Cañete. Según recomendó el mes pasado, es bueno ducharse con agua fría porque así se ahorra energía. “Mientras se espera a que salga agua caliente, se desperdicia mucho agua”, explicaba el ministro. Miguel Arias Cañete confesó que “era un derrochador de agua” antes de que el presidente del Gobierno le hiciera “ministro encargado del agua en España”.

¿Le gusta a usted la idea de ducharse con agua fría? Seguramente ahorraría tanta agua y tanta energía que podría optar a un premio nacional, autonómico, local o en su comunidad de vecinos. No me diga que no le haría ilu. Bueno, mejor no me lo diga.

El ministro Arias Cañete se ha convertido en un referente, en un hombre que predica con el ejemplo, en un superhéroe de las conductas alimenticias y medioambientales. Una sociedad obsesionada por convertir el siglo XXI en el siglo del medio ambiente, no tiene más remedio que caminar tras él y seguir sus enseñanzas. Les invito fervientemente a hacerlo. Yo me uniré más tarde a ustedes si eso.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero