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Mensaje en una botella

¡Iniesta de mi vida!

Junio 21, 2012

España suda la gota gorda mientras nuestra selección de fútbol se dispone a brindarnos una noche de gloria derrotando a los franceses. Igual que a Camacho se le iba la vida por las axilas, Del Bosque se bañará en caños de sudor este sábado con tal de tomar la Bastilla. Esa conquista no es una mera hazaña futbolística. Va mucho más allá. Va tan lejos como la Justicia deportiva lo permita. Porque esa victoria serviría para hacer Justicia, que no para obtener venganza, ante la reciente afrenta  de esos guiñoles que se presentaban a los deportistas españoles recurriendo al dopaje para lograr sus triunfos.

Sudor. Hace falta mucho sudor para derrotar a una gran selección futbolística como la francesa. Y talento. Hace falta mucho talento para vencer a un gran adversario como el francés. Pero el sudor se le presupone a unos esforzados futbolistas y el talento ha quedado acreditado en ocasiones anteriores: la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010, ambos conquistados por La Roja.

Esta vez no podremos oír a Camacho proclamar “¡Iniesta de mi vida!” porque los chinos no han tenido a bien permitir a su actual seleccionador que ejerza de comentarista televisivo. Pero nos da lo mismo. Este sábado, como si de la final de Sudáfrica se tratara, una vasta piel de toro gritará el nombre del de Villalbilla como si de una sola garganta se tratara. Sólo necesitaremos que Andrés vuelva a estar inspirado para darnos una noche gloriosa. 

Ese segundo que parecerá eterno 

Sólo necesitaremos que Iniesta agarre el esférico en la medular, se abra paso en medio del bosque de piernas francesas, avance hacia la media luna del área grande y allí se plante. Entonces, durante ese segundo que parecerá eterno, veremos cómo su cuerpo gira dibujando un escorzo que parecerá imposible y cómo chuta con la fuerza de una nación hambrienta de éxito. Será entonces cuando sintamos bienestar, cuando se esfume el agobio de cómo llegar a fin de mes y cuando la presión de los malditos mercados se desvanezca.

La prima de riesgo juega con nosotros a subir y bajar, como si se tratara de la coreografía de aquel añejo éxito de Ricky Martin: “Un pasito p’alante, María; un pasito p’atrás”. Pero la prima de riesgo no tiene a Iniesta de su parte. Y nosotros, sí. Nosotros tenemos a ese hombre que donde pone el ojo, pone la pelota. Nosotros tenemos al futbolista que es capaz de hacer saltar por los aires los dolores de cabeza de la macroeconomía gracias a su alivio de microdeporte. Escribo microdeporte porque la grandeza de Iniesta reside en trasladar la felicidad colectiva al estado de ánimo individual. Andrés, tú lo sabes: una jugada tuya bastará para sanarnos.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero