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Inglaterra es Serbia

Abril 24, 2017
england scotland

Hace exactamente 26 años que Croacia y Eslovenia emprendían un camino de no retorno. Un sendero sinuoso, embarrado de cristales lacerantes y cargado de oprobio y dolor. Pero al mismo tiempo, un camino contagioso por el que transitaron más naciones invitadas a vivir sin miedo por el módico precio de las almas de 140.000 inocentes y el hogar de 4 millones de desplazados. El sueño de Tito se desvanecía al son de tambores de guerra. Mientras tanto, la Europa más vieja y occidental derrumbaba muros de vergüenzas pasadas, celebraba el ósculo de Breznev y Honecker, aplaudía transiciones pacifistas como la de Checoslovaquia y cambiaba la concentración por la producción agrícola en sus campos.

Croacia y Eslovenia fueron el primer vagón de un convoy al que se sumaron Bosnia, Montenegro, Macedonia y Serbia. Un ferrocarril que transitaba unido desde 1918 portando una gran carga cultural, étnica, histórica, política y religiosa que provocó su aparatoso descarrilamiento en un conflicto armado incontrolable e incontrolado. Las aspiraciones tiránicas de la Gran Serbia que exigía la asimilación forzosa de su folclore a los hermanos de diferentes estados terminó por detonar el plan. Los principales artificieros de la deflagración: Milosevic, Trudjman y Karadzic.

Yugoslavia tenía siete fronteras, seis repúblicas, cinco nacionalidades, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un líder. Su convivencia era armónica hasta la imposición. Yugoslavia fue la involución dentro del progreso.

Hoy, las islas británicas están formadas por dos países soberanos, siendo uno de ellos el Reino Unido que a su vez se compone de cuatro naciones constitutivas, tres administraciones nacionales descentralizadas y catorce territorios de ultramar. No se pueden enumerar sus líderes, hay muchos, al tiempo que no hay ninguno.

El Reino Unido solo tiene, por ahora, una frontera, la existente en la isla de Irlanda con la República del mismo nombre. Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte cohabitan en su interior tras el Acta de Unión de 1707. 310 años más tarde, languidece el espíritu de la composición anglosajona por antonomasia que puede que, más pronto que tarde, deje de ser reino y deje de estar unido.

Para entender su derrotero hay que echar un ojo a esos tantos líderes que la sostienen como el mimbre sostiene al platillo que gira en su cúspide. Primero está David Cameron, que ya no está, porque se lo han cargado. Su sueño de la permanencia en una Europa unida y solidaria se esfumó como el de Tito, pero esta vez con un toque de torpeza. El famoso referéndum vinculante y preceptivo sobre el Brexit realizado en junio del pasado año no mostró nada claro pero lo dio todo por hecho. La incertidumbre que arrojaron sus cifras entabladas fue tan solo equiparable a la firmeza con la que se tomaron decisiones precipitadas y de las que, ahora, aquellos que votaron Si, reniegan enérgicamente.  Después está Nigel Farage, que está pero que ya no estará porque tras ser el artífice del referéndum y ver cumplido su paraíso onírico del euroescepticismo, el líder del UKIP  no se presentará al adelanto electoral previsto para el próximo 8 de junio. Unos comicios británicos que se celebrarán antes de tiempo por la decisión de la tercera en discordia, la primera ministra Theresa May, que es del Partido Conservador, como Cameron, pero que quiere un Brexit duro y sin fisuras. May está, pero no sabemos si se quedará, aunque lo que sí sabemos es que el terrorismo ya la ha cercado en una ocasión. Ahora comete la osadía de convocar elecciones con el revuelo y el caos ondeando en el mástil de la Union Flag. Puede que el terrorismo vuelva a aparecer en el Reino Unido en la víspera de una jornada electoral, como ha ocurrido en los últimos días de la primera vuelta francesa. Puede que movilizado por los intereses de la extrema derecha que recorre Europa como el fantasma del manifiesto. Puede que casual, puede que interesado.

Mientras tanto los Carwyn Jones de Gales, las Nicola Sturgeon de Escocia y los Peter Robinson de Irlanda del Norte son ignorados y desoídos como lo son sus naciones. Del mismo modo que fueron tapiadas las esperanzas de los pueblos eslavos ante el avasallador empuje de la Gran Serbia.

Si las utopías imperialistas fueran solo leyendas de papel, Drazen Petrovic y Vlade Divac habrían aniquilado al Dream Team. Luego están las vidas y eso. Puro fanatismo.

Jesús Prieto