Menú Portada
El mayordomo

Inglaterra e Italia, dos países dos estilos

Febrero 27, 2010

Unos más conservadores y otros más atrevidos se decantan por colores, hechuras y complementos que definen claramente las diferencias de estilo de estos dos países.


Aunque seguramente todos tengamos en mente algunas diferencias fundamentales entre ambos estilos, cada día resulta más difícil encontrarlas debido tanto a la globalización de la moda como a la mezcla de estas dos formas de vestir en el día a día de la vestimenta masculina.

Hoy ya no resulta tan difícil cruzarnos con un caballero por Via della Spiga con un traje cortado en Anderson & Sheppard de tres piezas en azul oscuro y vistiendo unos Gatto de color. A pesar de esto, todavía existen unas diferencias básicas entre ambos estilos.

Desde ya y para evitar posteriores reproches quiero pedir excusas por la posible generalización de las diferencias que a continuación expondré dejando claro que hoy más que nunca se hace difícil encontrarlas.

Antes de entrar en ellas, debemos destacar que el denominado British Style tiene toda una historia detrás mientras que el denominado Stile Italiano es algo reciente. Con total confianza podemos afirmar que Nápoles sin Savile Row no hubiera alcanzado las cotas de calidad y perfección con las que hoy cuentan sus principales sastrerías. Con esto quiero decir que, por más que pese a algunos, el estilo italiano proviene directamente del estilo británico.

Los italianos han adaptado el estilo clásico inglés a los nuevos tiempos y lo han estilizado; y en muchos casos, hay que reconocer, que con gran acierto.

Los italianos visten para parecer atractivos. Hay un grado de exhibicionismo propio en el caballero italiano. Éste busca que le miren; quiere ser el blanco de las miradas tanto de ellas como de ellos. Su objetivo es que el traje le favorezca lo máximo posible. El dandi italiano busca destacar sobre el resto. El traje, la camisa, los zapatos representan para el caballero italiano, como lo podría hacer el coche, un determinado estatus.

Por el contrario, el caballero británico no busca el aspecto sexy del traje. El gentleman inglés prefiere limitarse a vestir dentro de los parámetros que han sido los considerados los correctos a lo largo de décadas. Los ingleses persiguen la más que famosa discreción británica. El gentleman británico sabe cómo y cuándo vestir un esmoquin o un chaqué. La vestimenta inglesa no peca de individualismo; su objetivo es respetar las normas establecidas por las anteriores generaciones.

Las dos diferencias fundamentales en la vestimenta masculina de estos dos países radican en el uso del color y en el talle de la ropa.

Para el británico el traje es de color oscuro, principalmente en sus diversas tonalidades de azules y grises. Si se tratase de un traje de raya diplomática, ésta siempre será fina y nunca llamativa. El caballero italiano arriesga más en la elección de los colores y en el dibujo del tejido siendo muy habitual, sobre todo en los últimos tiempos, rayas diplomáticas muy anchas y cuyo color sobresale visiblemente del color predominante del traje.

Esta diferencia aplica también a la hora de la elección del tono de la camisa y de la corbata. Nuevamente el italiano es mucho más atrevido en el uso de los mismos.

Un inglés se siente seguro vistiendo una camisa azul clara y una corbata azul oscura y no busca correr riesgos innecesarios.

El gentleman inglés puede llegar a ser tan discreto que de la sensación de ser aburrido y uniformado. El caballero italiano es mucho más individualista, pasa más horas frente a su armario pensando diversas combinaciones y no le preocupa correr riesgo por innovar o, llegado el caso, no le importa incluso equivocarse.

El caballero inglés tiene muy claro lo que está bien y lo que no y le cuesta salirse de esas pautas. Su máxima preocupación será el corte del traje. Por muy elegante que sea el traje que tiene en su armario si éste no tiene el corte perfecto para su figura nunca lo vestirá. La marca siempre es secundaria, pero por supuesto se da por hecho que ha salido por la puerta de alguna sastrería de Savile Row.

La segunda gran diferencia es la referente al talle de las prendas. El caballero italiano viste de forma excesivamente entallada. Da la sensación de que ha sido él quien ha entrado en la ropa; mientras que en el caso del gentleman inglés es la ropa quien debe entrar en él y no viceversa.

El que los caballeros italianos visten muy entallados se observa claramente tanto en el largo de los faldones de la chaqueta como en el ancho de las mangas.

El gentleman inglés preferirá faldones largos y sueltos sobre las caderas. El efecto de una chaqueta inglesa es bastante similar a la de un reloj de arena.

Esta misma pauta se observa en los pantalones. Al caballero inglés el bajo siempre le descansará sobre el zapato de forma generosa, mientras que el caballero italiano se decanta por un bajo más corto. El ancho del pantalón también difiere. El cabllero inglés preferirá un ancho a la altura del zapato cercano a los 24cm mientras el italiano optará por 21cm o incluso menos. El talle en el caso del caballeo inglés será más alto que el italiano.

Aunque ahora los estilosos italianos también prefieren los tirantes para sujetar sus pantalones, en la indumentaria formal inglesa son un must.

Una diferencia que hoy en día sigue muy vigente es la que hace referencia a la vuelta en el pantalón. El gentleman inglés sigue prefiriendo, como también lo hacía su padre y su abuelo, el pantalón sin vuelta. En cambio, el caballero italiano se decanta normalmente por la vuelta.

El pañuelo en la chaqueta es obligatorio en ambos casos. No obstante, difiere la forma de mostrarlo. El inglés nuevamente es más conservador; el italiano lo puede llegar a hacer el protagonista de su indumentaria o bien por la llamativa forma de exhibirlo o incluso por el gran porcentaje que de él que puede llegar a mostrar.

La flor en el ojal de la chaqueta sigue siendo propiedad del caballero más británico.

Los tejidos usados por los sastres italianos suelen ser más finos y menos pesados que los británicos; algo por otro lado explicable si observamos las temperaturas de ambos países.

En los zapatos también encontramos claras diferencias. La horma del zapato inglés es más ancha, su puntera más redondeada. Suelen ser zapatos duros y pueden dar la sensación de ser a veces incluso algo bastos. Los zapatos italianos son más estilizados, con líneas más finas, de diseño refinado y dan la sensación final de ser más ligeros.

Para el caballero británico el color por excelencia del zapato sigue siendo el negro. El italiano, por el contrario, prefiere vestir zapatos con alguna tonalidad y le gustan particularmente los zapatos marrones oscuros, algún burdeos oscuro o incluso los zapatos de piel vuelta.

El caballero inglés vestirá sombrero porque es lo correcto y así siempre lo ha visto en casa. El caballero italiano, si viste sombrero, lo hará porque mejora el resultado final de su indumentaria. Sacará de su armario el sombrero que una vez comprobado frente al espejo su resultado le favorece. Hoy puede vestir sombrero y la semana que viene olvidarse totalmente que hacía una semana vestía uno.

Según pasen los años veremos qué rumbo adoptan ambas corrientes aunque todo parece indicar que terminarán fusionándose y será entonces muy difícil seguir hablando de dos estilos como todavía hoy podemos hacer.

Seguramente la correcta mezcla de la elegancia británica y el estilo italiano sea la fórmula que mejores resultados pueda aportarnos.

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com

Fotos: www.elaristocrata.com