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Los puntos cardinales

“Il Ritorno” preocupa por sus peligrosas repercusiones

Diciembre 11, 2012

La verdad es que, si se paran a pensarlo, no ha sorprendido demasiado que Silvio Berlusconi anunciase el pasado fin de semana su intención de concurrir a las próximas legislativas. A la vuelta de las vacaciones de verano, Il Cavaliere aseguró que se retiraba de la primera línea política para dedicarse a tareas de asesoramiento y formación con las juventudes de su partido, el Pueblo de la Libertad. Pero fiarse de Berlusconi es como pretender hacerlo de Rinconete o Cortadillo.

El movimiento del magnate puede generar sacudidas colaterales en otros ámbitos y desvela los verdaderos intereses del protagonista. Me recuerda a nuestro Fernando VII el Deseado, convencido de que los ciudadanos se sentían huérfanos de su liderazgo. El problema es que la decisión de Berlusconi hace tambalearse en primer término el equilibrio institucional de su propio país. El Pueblo de la Libertad, con su abstención, dejaba al Ejecutivo de Mario Monti en una situación gran debilidad. Para el hombre más influyente de la república transalpina, sus intereses son también los intereses del Estado. Y, lejos de ayudar a la difícil tarea del tecnócrata Monti, cuyos esfuerzos ya estaban empezando a dar frutos, el dueño del emporio televisivo Mediaset opta por una decisión absolutamente irresponsable en busca del beneficio propio, aunque con un horizonte repleto de interrogantes. Asumida la falta de apoyo parlamentario, Monti se ha comprometido a abandonar el Palazzo Chigi una vez que la Ley de Presupuestos para el 2013 salga adelante. Estamos, pues, ante un primer escollo, porque nadie es capaz de asegurar a fecha de hoy que las cuentas para el próximo ejercicio superen el trámite en las Cámaras.

Populismo y el papel de Alfano

Con su paso, Berlusconi se volcará en un populismo aún más exagerado del que conocemos y quizá con esa pose prelectoral de salvador sea capaz de arrancar votos en el 30% de italianos que se confesaban indecisos hasta hace un par de días, un caladero en el que el nuevo líder del Partido Democrático, Pier Luigi Bersani, confiaba en poder echar sus redes. Ayer mismo utilizaba uno de sus canales de televisión para criticar las primas de riesgo y la voracidad de Alemania, en clave totalmente de campaña.

Hay que fijarse en un nombre que, aun en segundo plano, ha movido los hilos de la trama, como la mano en la cartelera de la primera parte de El Padrino. No es otro que Angelino Alfano, el secretario general del Pueblo de la Libertad, el interlocutor al que se le abrían todos los despachos en Roma y, por supuesto, de Milán. La relevancia de este hombre no se limita sólo a su papel en la dirección del partido, sino a ser el sastre que diseñó el elegante traje a la medida judicial del ex primer ministro y candidato. Cuando Alfano era ministro de Justicia redactó una norma bautizada con su nombre cuyo fin último era blindar a Berlusconi de cualquier responsabilidad ante los tribunales en virtud de su cargo. La artimaña fue tumbada por la Corte Constitucional italiana pero Il Cavaliere sabe que volver a la carga, con asuntos pendientes como los casos Mediaset o David Mills, le resulta imprescindible para, por lo menos, marcar el “tempo” de los magistrados. Lo malo es que, en la Europa de los veintisiete, con países en situaciones como la del nuestro, el chapuzón de Berlusconi en las cristalinas aguas de Cerdeña acaba por originar un maremoto, como ya quedó demostrado con la inestabilidad financiera vivida en la mañana del lunes. Con todos esos antecedentes, y viendo lo ocurrido en los últimos meses, probablemente la mejor opción para todos sería convencer a Mario Monti para que se decida a ser candidato.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.