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A renglón seguido

Hundimiento subMariano

Febrero 8, 2014

Si el cartagenero de aquí, no de indias, don Isaac Peral levantara la calavera de su sepulcro, se sorprendería del alcance del más importante de entre sus descubrimientos –ametralladora, acumulador eléctrico, varadero para torpedos-: el submarino.

El artilugio en cuestión posibilitaba surcar las profundidades de los dominios de Neptuno, los mismos que frecuentaría años más tarde Julio Verne, engalo, a lo largo de 20.000 leguas –lengua de unos pocos de los nuestros-, y más recientemente un buen puñado de compatriotas de superficie, ávidos de sembrar oscuras relaciones dinerarias en las húmedas posesiones de Poseidón.

Como ya habrá adivinado la señora y el señor” –Sabina-, me estoy refiriendo a los fraudulentos marineros que hacen aguas fiscales en la   tierra firme de la ingente economía sumergida, que se baña en los salinos humedales del fraude fiscal.

Según un reciente informe de GHESTA, organismo que agrupa a técnicos del Ministerio de Cristóbal “el hacendado”, aquélla supone alrededor del 25% del PIB nacional; es decir, unos 250.000 millones de los aflorados euros que se escapan al control de los vigilantes de las playas tributarias del fisco nacional.

Naufragio de autónomos y pymes

Estas distracciones monetarias surgen gracias al gubernamental éxito del submariano pontevedrés, que ha creado una singladura de hundimiento – perdón, hundimiente– económico, donde naufraga la pequeña economía, autónomos y pymes, y triunfan los grandes trasatlánticos de la especulación. El resultado es, que aquéllos y éstos se refugian en el puerto del fraude fiscal, intentando evitar las descosidas redes de vigilancia del noble cuerpo de inspectores del fisco.

 
 

Los primeros ponen sus monedas a buen recaudo, a pulmón, en las pelágicas bodegas de la impunidad,  y los segundos facturan sus billetes de a quinientos en los camarotes de primera clase rumbo a los paraísos fiscales: Caimán, Salomón, Man…; curiosamente islas que sirven para guardar en zona abisal el botín continental; incluso el del Santander. Claro que… no hay que desdeñar el faro de Suiza; se constituye en baliza-almacén de los sobrantes de caja… y de bancos.

Este último paquete de submarinistas y escafandristas, con traje de alpaca fina y aletas de piel de cocodrilo –no conocen el neopreno-, goza de unas repletas ánforas a prueba de GPS náutico-fiscal, siendo más difícil su localización por los guardiamarinas de Montoro.

Gozamos también de una flota de ex-altos cargos de la marina merchante, que se embarcaron en la aventura del presunto fraude terrestre… y “a remojo”: Díaz Ferrán –CEOE, ¡vaya ejemplo¡, Bárcenas –tesorero de Génova- y el condenado en firme José Luis Núñez, para quien el Tribunal Supremo ha tenido a mal, reducir de seis a dos años y dos meses la carcelaria pena, –¿pisará penal?-, cuyos méritos pasan, entre otros, por “seducir” a funcionarios de la Tributaria, para que miraran para otro lado, mientras él cometía tropelías. Nuevo triunfo de la jurisprudencia que premia el delito de postín, castigando al bendito a mazmorra, en su confín.

Pero no desesperemos, tenemos tiempo para emularlos; solo nos falta el cuajo suficiente para que cuaje nuestra decepción.

Paco de Domingo