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Los puntos cardinales

Hugo Chávez, el “cazafantasmas”

Diciembre 28, 2010

El próximo día 5 de Enero se constituirá el nuevo Parlamento venezolano, resultante de las Elecciones Legislativas celebradas el 26 de septiembre pasado en las que la oposición logró crecer de cero y el partido de Hugo Chávez acabó por perder su holgada mayoría. Como nada le es ajeno al paracaidista, ni corto ni perezoso ha conseguido que la Cámara, todavía dócil, de vía libre a su proyecto de ley que legitima el arte de gobernar por decreto, una forma de disfraz democrático para ocultar turbios intereses totalitarios. Así, hasta 2012, Chávez tendrá las manos libres para profundizar en su programa.

El Estado es él

Cuando hablamos de totalitarismo, lo hacemos sobre el principio de que alguien quiere controlar todos los elementos que dan lugar a un Estado. La capacidad de intervención en las instituciones financieras o el control de los medios de comunicación forman parte de este entramado cuyo fin último es apoderarse de todo el tejido político, económico y social, hasta el punto de aplicar un sistema educativo doctrinal muy semejante al concepto de escuela de educación ideológica del viejo mentor, Fidel Castro. Es decir, las aulas pasan a convertirse en salas de adiestramiento para que las nuevas generaciones perpetúen ese sueño manipulado de Bolívar. Si no fuese por las ansias expansivas del actual Gobierno venezolano, bien podría decirse que Chávez es un autócrata, como lo era Franco, alguien a quien las influencias transfronterizas provocaban urticarias y sarpullidos.

Jueces amiguetes

El tercer pilar de esta pintoresca democracia es la justicia. Como en todas las que se precien de serlo, el poder debe estar para proteger a los inocentes y castigar a los culpables de cualquier violación de las leyes. Pero no así en Venezuela. Para tan complicado asunto también ha conseguido el golpista colocar a una nutrida nómina de amigos y correligionarios en los asientos del Supremo, de manera que Hugo Chávez ha blindado su régimen.

Curiosa actualidad la del país caribeño. Mientras Hugo Chávez refuerza su palacio, moría en Florida Carlos Andrés Pérez, el hombre al que Chávez quiso derrocar en 1992. CAP, como le conocían sus íntimos, llevó al país al esplendor de una potencia petrolera en 1976 aunque la codicia le hizo meter la mano en la caja veinte años más tarde. En 2001, Hugo Chávez pidió su extradición. Días antes de morir, Pérez comentó a su familia su última voluntad. No quería ser enterrado en la tierra natal con el actual presidente en el Palacio de Miraflores. Hugo se ha quedado sólo en los pasillos de un edificio en el no están ni el fantasma de Carlos Andrés ni, por supuesto, el de Montesquieu.

Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de Onda Cero.