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A renglón seguido

Huelga en 13-Rue del Percebe

Abril 9, 2012

La orden del Císter estableció con fundamento -ya enredaba Arguiñano por los alrededores de la historia-, en Citeaux (Francia), año 1098 su primera Abadía; poco más tarde se levantó en la provincia de Burgos (à L’Espagne), a principios del Siglo XII (1189), el Real Monasterio de las Huelgas -de  la misma orientación religiosa-, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla.

En el transcurso del día 29 de Marzo, ha tenido lugar una singular huelga  -nada monacal-, en protesta por la reforma laboral llevada a cabo por el Gobierno presidido por el Abad de la congregación de los “Marianistas”, hermanada con el convento de los “Populares” regentado por la Abadesa “Dolores”; a estas últimas instituciones les une el vínculo de la veneración a la imagen de Santa “Soraya”.

Político Oficio Divino

Conocidas eran las madrugadoras reuniones de los monjes de la ejecutiva del Partido Popular en el claustro de la Abadía de Génova los lunes a primera hora de la mañana bajo el pseudónimo de maitines -monástica figura suprimida por el hermano Mariano; tras unas pocas de reunión, alcanzaban a la hora nona del político Oficio Divino los acuerdos, en vísperas de ser redactados sobre los papiros de su particular incunable conocimiento, que descansaría, hasta mejor Dios disponer, sobre la mesa de los subsecretarios, de cara a futuros sabios y reflexionados Consejos de Ministros a celebrar durante el año de Nuestro Señor.

Tiene nuestro Ejecutivo un modo nada agresivo de revisar la sinonimia y polisemia de algunas de las palabras de nuestra cervantina lengua; tal es así, que a los actuales  recortes los disfrazan con careta de: reformas, ajustes, acomodación, reorientación, etc. Todo un carnaval de conceptos más o menos afortunados, dignos de cualquier bisoña chirigota, dirigidos a “darnos el cante” con el colorido propio de los pasacalles de la fútil y vacua retórica de nuestros gobernantes vestida de: generosidad, entrega, altruismo y denodado servicio al ciudadano.

Réditos de la poltrona

¡Qué cuidado ponen en ocasiones en no llamar a las cosas por su nombre!; quizá porque, si así fuera, nos desvelarían sus espurios intereses, encaminados, entre otros, a confundir al personal de a pie -no al de limousine-, para obtener los réditos de la poltrona, que, a menudo, pasan por el aprovechamiento de su posición social de ¿prestigio?, buscando obtener cierta gloria y  fama, diseñadas a su favor para la memoria de sus hazañas, que serán recogidas, como tal, en los manuales editados por grupos empresariales de comunicación y educación afines y conniventes con ellos.

No deja de ser curioso que por huelga se entienda -una vez más y según el diccionario- “el espacio de tiempo en el que uno está sin trabajar”. “Estar ocioso, no trabajar” (holgar, de donde proviene). A ver si ahora va a resultar que, ante alguna ocurrencia legislativa a petición de la CEOE, el fin de semana, inglés o a la española, o el período vacacional, o las bajas laborales, o los días por asuntos propios –con permiso de Toni Garrido– o los “moscosos”, o cualquier otra manifestación de la suspensión temporal de la actividad laboral respaldada por la ley, se va a poder encuadrar en aquella denominación con el consiguiente castigo salarial.

Los parados, huelguistas por definición

Huelga decir, que una de las pretensiones más perentorias del nuevo Gobierno, es la de la creación de empleo; da la impresión de que con las nuevas medidas recogidas en la reforma laboral está garantizado, al menos, que las empresas que no lo hayan efectuado ya, puedan deshacerse del capital humano de los provincianos y pueblerinos que precise con un menor coste, con lo que se aceleraría la operación de limpieza  que resta por hacer en los centros de trabajo que así lo deseen o precisen.

Al parecer, sí importa el precio que haya que pagar, dada la disminución de días por año trabajado en caso de indemnización por despido. Así se conseguirá estabilizar, de una vez por todas, el mercado de trabajo, con el añadido de un montante de unos 600.000 parados (huelguistas por definición), más -valoración realizada por de Guindos  para  este  ejercicio (2012)-, para  tranquilidad  de  los  reformistas, quienes aseguran que, para crear nuevo empleo, por conocer, hay que destruir el viejo,  conocido, ya existente. ¿Alguien puede entenderlo?…  moi non plus.

El hábito no hace al monje

En  esta  ocasión  no  ha  habido  una  guerra  de  números entre las dos partes contratantes por la batalla de los guarismos. Los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO), han cifrado la concurrencia de asistentes a “Las Calles de San Francisco”, de “Santo Domingo de la Calzada” y a la del “13- Rue del Percebe”, entre otras, en 10,5 millones de inconformistas, que conforman una plataforma contra reformista, que ha tildado la convocatoria de “éxito rotundo”. Por su lado, ningún miembro del ejecutivo ha mencionado uno de los vocablos más frecuentes en este tipo de eventos: el del “fracaso” de la misma.

El Derecho de Huelga, que viene recogido en nuestra llamada Carta Magna (artículo 28.2), gustaría de dársele unas horas de Excepción -Estado de-, por parte del Gobierno de turno, cada vez que es objeto de solicitud por una porción de los agentes sociales (sindicatos). Eso sí, siempre se pregona su reconocimiento “diciéndolo con la boca pequeña”; como si se le estuviera haciendo un favor al margen de la Constitución a los requirentes, obsequiándolos con un derecho fundamental de usar y tirar.

Se dice que “el hábito no hace al monje”, pero al ritmo de recortes laborales y carencia de trabajo que vamos, terminarán por desnudarnos de nuestras tradicionales viejas costumbres, para pasar a vestir nuevos hábitos… de clausura del consumo. Al tiempo.

Paco de Domingo