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Atando cabos

Huelga electoral

Marzo 11, 2012

La decisión de convocar definitivamente la huelga general para el próximo 29 de marzo viene a confirmar varias sospechas sobre las verdaderas intenciones de los sindicatos. La primera de ellas la de una “huelga electoral”.

Si las elecciones andaluzas no estuvieran convocadas para el 25 de marzo, la huelga no hubiera sido el 29M. Es mas, la idea inicial de las centrales sindicales era convocar la huelga en otoño. Un sector minoritario de UGT incluso planteó esa posibilidad, argumentando que una huelga es “la bala de plata” de los sindicatos. Casi el último cartucho después de una oleada de protestas. Pero fue la insistencia de los dirigentes sindicales la se ha impuesto. El líder de UGT, Cándido Méndez considera que la presión social en la calle en medio de una campaña electoral polariza más las opiniones y la convocatoria tienen más posibilidad de éxito. Argumento de “huelga electoral” que hace pensar que si, por ejemplo, las elecciones en Andalucía estuvieran convocadas para septiembre, la huelga se hubiera convocado también en septiembre o en octubre.

Decisión política que tiene un doble peligro. Por un lado, el resultado electoral en Andalucía, y por otro, la capacidad de movilización de unos sindicatos que convocan nada menos que una huelga general cuando el Gobierno no ha cumplido ni cien días en el poder. Si el PSOE pierde Andalucía tendremos cuatro días después una manifestación supuestamente movilizada por aquellos que no han logrado agitar el voto contra el PP. Sería una huelga abocada al desencanto. A esto hay que añadir que los sindicatos se juegan parte de su prestigio convocando una huelga general a poco menos de tres meses del inicio de un nuevo Gobierno. ¿Qué podrán guardarse para el resto de los cuatro años que quedan de legislatura?

El rechazo o no a la reforma laboral pasará su primera prueba el 25 de marzo

Las elecciones en Andalucía son el termómetro de muchas cosas. El PSOE lo tiene más difícil que nunca. Empezando por el propio candidato José Antonio Griñán. Nunca fue un dirigente carismático, ha sido Presidente de la Junta de Andalucía sin haber sido nunca cartel electoral y ha pagado el precio de intentar sacudir el partido para quitarle caspa heredada de la época de su ex amigo Manuel Chaves. El precio ha sido la división interna aguda, y a la vista de todos, con que el PSOE andaluz concurre esta vez a las urnas. El candidato no despierta pasiones, el partido llega hecho unos zorros y los casos de corrupción que salpican a cargos de la Junta llegan en el momento en que pueden hacer más daño, cuando la sociedad está más sensible que nunca a los abusos y corruptelas de quienes tienen la encomienda de gestionar con limpieza y eficacia el dinero público.

Pero siendo esto cierto, el mayor problema con el que se enfrenta el PSOE de Andalucía son los pésimos indicadores económicos que arrastra esa Comunidad Autónoma. Toda España está en crisis, en recesión, pero Andalucía se ha quedado, a perpetuidad, en el vagón de cola del empleo: sólo Canarias tiene una tasa de paro superior a la andaluza. En Cádiz, en Huelva, en Málaga, el paro supera el 30 % de la población activa. La media de la comunidad está en el 28,5 %, cinco puntos más alta que la media del conjunto de España. Su actividad económica en 2011 fue inferior a la media nacional (fue, con Extremadura y Castilla La Mancha la que menos creció), y para este año la estimación es, como para todos, de caída. Estos son los datos de Andalucía. Y a estas alturas, al PSOE solo le cabe agarrarse como clavo ardiendo a una reforma laboral que apenas se ha puesto en marcha. El resultado en Andalucía del próximo día 25 de marzo será la primera prueba electoral de la reforma laboral de Rajoy.  

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio