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A renglón seguido

¡Hombre, la cumbre del hambre!

Abril 17, 2013

Quién no ha oído decir, con excepción de los sordos, que el burro es el único animal, que no tropieza dos veces, en la misma piedra? Pues bien, el honor contrario, también sabido, es patrimonio de un recalcitrante y contumaz pulmonado; bípedo, ¿racional? y, en ocasiones, bien parecido. Lo que no conocemos es el tamaño de aquélla, pero se aproximará con toda seguridad al de la miopía de nuestros globalizados gobernantes.

Está reciente la celebración en la ciudad del Oso y el Madroño de las jornadas mundiales de la lucha Contra el Hambre. Pero no nos han explicado, quienes eran las partes contratantes en este combate; o mejor dicho, siempre pierden los mismos; sea por inferioridad alimentaria más que manifiesta, por abandono de sus funciones vitales, o noqueados por los acontecimientos.

Más de 850 millones de personas –adulto arriba, lactante abajo- o lo que queda de ellas, padecen hambre crónica, de los cuales 150 son niños. Así de generosa y solidaria es el hambre a la hora de acostarse con sus víctimas en calidad de letal parásito, con algunas de las cuales ni se levanta. No discrimina a nadie por edad, creencias religiosas o gustos políticos. Lo mismo comete adulterio que estupro, y sin posibilidad de poder sentarla ante tribunal de derechos humanos alguno ó de otro tipo.

Para colmo el país organizador, el nuestro, ha reducido en un cincuenta por ciento la ayuda al desarrollo de los países más necesitados; y encima nos premian con la celebración de… ¡Hombre, la Cumbre del Hambre!, donde no habrá faltado de nada sobre la mesa –le llaman de trabajo-, principalmente amplias raciones de verborrea y postre de inútil diálogo.

Con frecuencia, se marcan expectativas de disminución –olvidémonos, por

 
 

supuesto, de erradicación- de la pobreza en el llamado tercer mundo, ciudadanos de tercera división y sin posibilidad de ascenso al primero; por cierto ¿habrá un segundo… del que nunca se habla?.

Conferencias con “pinganillo”, reuniones con compromisos bien eludibles y simposios de eterna aproximación a un problema que es más que acuciante, pero en los que los participantes, con la barriga bien pertrechada, toman decisiones etéreas o de dudoso cumplimiento.

Entretanto los afectados “hacen de tripas corazón”; total, para lo que las usan. Es imposible que se reduzca el número de osamentas renqueantes, porque siempre se siguen incorporando nuevos jóvenes valores al banquillo del equipo de necesitados, engordando, paradójicamente, así la plantilla con nuevos involuntarios fichajes. Deberían meterse literalmente en la piel –es lo único que les queda- de los afectados, participando in situ de las carencias, y no observarlas a través de video-conferencia, como meros datos estadísticos, ó a través de los telediarios respectivos.

Claro que… siempre nos queda la alternativa humorística –maldita la gracia que tiene- de Su Santidad, exigiendo con un irónico pellizco facial a un indigente desobediente, sin alimento, que… ¡Hay que comer! También Castro proponía que… “ningún cubano se acueste sin cenar”; y si así ocurría, que no se acostara.

Paco de Domingo