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No me moverán

Hijos y pensiones

Marzo 2, 2010

Mi amigo y contertulio en Intereconomía, Alejandro Macarrón, ha escrito un artículo periodístico muy interesante sobre las pensiones. Una de sus reflexiones se refiere a que la demografía y su efecto en ellas. Expone una idea original que merece la pena ser glosada.

Dice Alejandro que si queremos ser justos y eficaces, las pensiones deben usar como factor para su cálculo el número de hijos que haya tenido el pensionista. El argumento es de cajón:

En España el sistema de prestaciones por jubilación es de reparto. En esta clase de sistemas las pensiones de una generación las pagan los cotizantes de las siguientes cuando están trabajando. Es decir, que los jubilados que han tenido y criado hijos contribuyen más que los que no los han tenido para cubrir las prestaciones; ya que los hijos están cotizando cuando la generación de sus progenitores está recibiendo la pensión.

Aliciente para la fertilidad

Premiar a los jubilados que han tenido una familia fértil es un acto de Justicia. Pero, además, la expectativa de tener una prima en las pensiones podría ser un aliciente para aumentar la fertilidad de las familias españolas. Algo muy necesario en nuestra economía.

España tiene un índice de fertilidad bajísimo. Tanto que, si no fuera por la inmigración, no repondría sus cohortes de población y habría decrecido en población. Por eso el sistema de pensiones público está en peligro y, por eso, se debe reformar. Todo incentivo que impulse la fertilidad de las familias españolas ayuda a que no quiebre.

A esta idea se pueden poner varias pegas. La primera es que en las familias actuales, con divorcios frecuentes, debería asegurarse que se prima a quién de verdad mantuvo a los hijos. La segunda, es que un incentivo a tan largo plazo y, probablemente, no muy grande, no será muy eficiente para mejorar la fertilidad. La tercera es que, precisamente los jubilados con hijos, tienen más facilidad para encontrar ayuda cuando son mayores ¿Por qué pagarles más? Por último, se puede decir que algunos de sus hijos pueden no cotizar por varias razones, incluso por haberse trasladado fuera de España y cotizar en otro país.

A estos argumentos se puede contestar. A la primera pega, la de los divorcios, la contestación es: hay soluciones técnicas para averiguar si el cuidado de los hijos personalmente, o mediante las pensiones por separación, recayeron en el pensionista. A la segunda pega, la de la eficiencia del incentivo, hay que apelar a la Justicia: quien más ha aportado, más debe recibir, aunque sea poco.

Un acto de Justicia

Respecto a que los jubilados con hijos pueden tener ayudas familiares que mejoren sus años de jubilación, se puede contra-argumentar que, si bien puede ser cierto, no siempre es así. Muchas veces, los hijos tienen también obligaciones familiares y, tal como están las cosas, es útil que tengan ayudas para ser fértiles y puedan ayudar a pagar las pensiones de su generación teniendo hijos. En cuanto a si los hijos cotizan o no en el momento de la jubilación de los progenitores, también la respuesta es que se trata de un acto de Justicia por el esfuerzo realizado. Los jubilados que han tenido hijos han invertido en ellos mucho más y han tenido menos capacidad de ahorro.

En resumen, los reformadores del sistema de pensiones deberían tomar la propuesta de Alejandro en serio. Sin embargo, un Gobierno que se pavonea por haber aprobado una Ley del Aborto que facilita el no nacimiento de niños, aumentando probablemente los más de 120.000 niños abortados en 2009, será muy difícil que entienda todo esto.


José Ramón es profesor del IESE y Director del Executive MBA Madrid