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Otras opiniones

Héroes en el Madrid Arena

Noviembre 6, 2012

He querido escribirle entre semana, algo que no es habitual, porque he conocido algo que en realidad merecería mucho más que unas líneas, pero yo ni doy medallas ni galardones. Lo mío consiste en juntar letras. Y esta vez deseo hacerlo para rendir homenaje a Mario, un policía local de Madrid, que acudió fuera de servicio al concierto, pero que arrimó el hombro, como lo hacen los buenos policías y las buenas personas, para tratar de salvar vidas. Me consta que hubo más héroes, pero no conozco sus historias. Cuento la de Mario, porque he tenido acceso a su declaración policial y porque su fotografía corre por las redes sociales. Es esa en la que se ve a un hombre moreno de pelo corto con una joven en brazos. A él y al resto buenas personas todo mi reconocimiento.
 
La declaración de Mario que obra en el atestado policial es la siguiente:
 
“Fui al concierto con unos amigos. En un momento dado salí a la calle para realizar una llamada telefónica. Cuando volví a entrar, observé a varios miembros de seguridad con petos amarillos correr escaleras abajo. Justo un momento después escuché una fuerte detonación y pensé que podía ser que alguien hubiera disparado un arma de fuego. Inmediatamente, me acerqué a la zona a ver qué había sucedido y ayudar en su caso”.
 
Una montaña humana
 
Cuando llegó al pasillo olió el humo. Su experiencia y bagaje profesional le hizo descartar el tiroteo.
 
“Cuando voy acercándome al lugar huelo el humo y me doy cuenta de que no se trata de pólvora sino de humo de un petardo. Llego al pasillo, observo que los miembros de seguridad han formado un cordón humano. Logro acercarme un poco más y compruebo que en el túnel que comunica la pista central con el vomitorio, rebosa gente, está colapsado. Se encuentran tirados unos encima de otros. Puedo ver una montaña humana apelmazada. A ojo podría decir que son cinco o seis filas de personas que están unos tumbados y semitumbados unos sobre otros. La altura de esa muralla humana alcanzaría 1,70 metros de altura aproximadamente”.
 
Inmediatamente se identificó como policía local y se puso a ayudar intentando de salvar la vida de los que estaban allí apelmazados.
 
“Trato de priorizar y ver quién está peor para rescatarlo antes. Consigo sacar a cuatro o cinco personas. De repente, me di cuenta de que a la derecha de la montonera hay una joven de unos 19 años. A simple vista supe que corría serio peligro: tenía las pupilas dilatas y los labios entumecidos. Después de 5 o 6 minutos de esfuerzos, con ayuda de los de seguridad, conseguí sacarla de abajo. La arrastre para alejarla del tumulto y poderle practicar los primeros auxilios. Debido a mi profesión tengo estos conocimientos. Pero pasaba tanta gente por allí que era realmente imposible hacer una RCP. Además había un riesgo enorme de que la gente que allí estaba se tropezase con nosotros. Decidí sacarla en brazos al exterior”.
 
Se quedó sin fuerzas
 
El problema es que la entrada y salida del Madrid Arena está situada en la segunda planta.
 
“Subí a la primera planta chocándome con multitud de jóvenes que no se habían enterado de lo que ocurría y a los que les costaba retirarse para hacerme hueco. Llegué a la primera planta y confieso que estaba agotado. Así que la tumbé sobre la chapa de una barra de copas y con ayuda del camarero tratamos de reanimarla. Con una servilleta le limpié la boca de algunos restos que tenía para que no se atragantase y le di indicaciones al camarero de cómo debía maniobrar. Tratamos de reanimarla durante 15 minutos. Otros camareros retiraban la gente para que tuviéramos espacio. Pasado ese tiempo, llegó personal de seguridad y decidimos llevarla al exterior para que los servicios sanitarios la atendieran. Pero había tal tumulto de gente que los que nos van guiando se pierden y de repente nos encontramos en un pasillo sin salida”.
 
La joven seguía muy mal, así que Mario tomó la decisión de apoyarla en el suelo y seguir reanimándola hasta que llegasen los médicos
 
Era Belén, de 17 años
 
“Diez minutos después aparece un sanitario de los contratados por el pabellón y entre los dos tratamos de salvarle la vida. Entonces, llegan dos policías nacionales de paisano que preguntan si pueden ayudar. Estaba agotado por el esfuerzo, así que les pregunté si sabían hacer un masaje cardiaco. Dijeron que sí y me tomaron el relevo”.
 
Desgraciadamente, no terminó bien. La joven por la que se desvivió Mario era Belén, de 17 años, la cuarta víctima. Pero su comportamiento merece el reconocimiento de todos, porque está vez fue Belén, pero mañana pueden ser sus hijos o los míos. Y en cualquier caso, los héroes deben dejar de ser anónimos y tener su reconocimiento. Espero que estas líneas ayuden a que así sea.
 
Nacho Abad
nachoabad@extraconfidencial.com