Menú Portada
¡Qué fuerte!

Hay una guerra en Siria

Septiembre 4, 2015

Hace unos días, en la frontera del Barrio Chino de Melilla, un sirio intentaba cruzar a España huyendo de una guerra, con la mala suerte para él que la Policía le detuvo. El hombre lloraba desesperado y gritaba diciendo: “Prefiero que me peguéis un tiro antes de volver a Siria. Moriré intentando cruzar antes que volver allí“. A los pocos días, un adolescente fue descubierto introducido en el hueco del depósito de gasolina de un vehículo en otra de las cuatro fronteras de Melilla, la de Beni Enzar, que separa Nador (Marruecos), de la Ciudad Autónoma. Dice que pagó dos mil euros a unos tipos que le prometieron pasar a España sin problema. Pero la Policía detectó al chaval sirio hecho un ovillo y al borde de la deshidratación.

Y así uno y otro, más otro, todos los días, por todas las posibles fronteras que creen que pueden escapar. Es penoso que haya mafiosos que prometen la luna a cambio de dinero aprovechándose para hacer negocio gracias a la miseria y la desesperación del ser humano. Igual de penoso que el primer mundo se las dé de solidario y de salvadores intentando ofrecer soluciones al conflicto y a los refugiados, cuando es de aquí precisamente de donde salen esas armas que emplean para matarse entre ellos.

La pasta sí, acoger no

Hay una guerra en Siria. Comenzó hace poco más de cuatro años, pero parece que hasta que el miércoles no vimos la foto del niño de tres años muerto en una playa, no nos hayamos dado cuenta de eso, de que hay una guerra en Siria. Una guerra provocada por lo que todas las guerras: la desigualdad, el abuso de poder y la violencia de los derechos humanos. Cuando los violados se hartan del abuso de los que mandan, se produce un alzamiento y comienza la catástrofe. La población civil, los inocentes, son siempre los que pagan con el desahucio, el destierro y la muerte en el peor de los casos.

¿O no? Quizás la muerte sea el mejor de los casos, como el sirio de la frontera del Barrio Chino de Melilla. Quizás prefieran morir a vivir como allí, así. ¿Qué hacemos ahora con todos los refugiados?, ¿dónde están las conciencias de las grandes potencias mundiales que tanto presumen de solidaridad ante catástrofes naturales, por ejemplo? Cuando se trata de dar pasta parece que no hay problema, así se lavan conciencias, pero cuando la cosa pasa a tener que acoger, a meterlos en casa, aquí el asunto cambia y ahora todos ponemos pegas, límites y problemas.

Mientras escribo todo esto estoy escuchando cómo han sido los fichajes futbolísticos del verano. Oigo hablar de 80 millones de euros por un hombre que da patadas a un balón y lo cuela en una portería. Esa acción provoca en algunos forofos un estado de alegría mezclado con ira por el odio al equipo contrario digna de tratamiento psicológico. De Gea está siendo el principal problema de media España e Inglaterra y tiene entretenido a medio mundo y, la verdad, no puedo evitar pensar en el niño sin nombre  de la playa y se me revuelve el estómago porque mañana ya nadie se acordará de él y echaremos la vista a otro lado cuando nos pidan acoger a más refugiados.