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A renglón seguido

Hay penas, que no dan lástima alguna

Febrero 8, 2017
cristina iñaki

Las discutibles actuaciones judiciales van haciendo mudar, no sin polémica, la coriácea piel de los que contravienen las normas recogidas en los reglamentos o pretenden disfrazar el carnaval de la realidad con deslices e impertinentes meteduras de pata. Al impopular ex-ministro Soria un juez le ha afeado su conducta por intentar guapear con una inconsistente y poco creíble factura de 283 euros la estancia de una semana en una suite de lujo en Punta Cana –nada más lejos del color de su cabello-: una auténtica tomadura de pelo.

Por su parte, el P.P. disfruta del alojamiento del enemigo en casa. Mientras en la fiesta con Tito PuenteNo hay cama pa´ tanta gente”, el nuevo coordinador general del número trece de Génova street, MartínezMaíllo, asevera, con tibieza, delante de los suyos, que “hay banquillo y gente suficiente para nuevas responsabilidades”.

Pues  no me queda más remedio que estar plenamente de acuerdo con él: lo ha bordado. Se ha instalado sobre el resbaladizo asiento del actual y venidero, y si no al tiempo, porvenir por la procesión de investigados; lo que llaman los suyos: “casos aislados”. Una interminable ristra de chorizos, más o menos curados de espanto, que no dejan de desfilar por las diferentes sedes judiciales.

Precisamente la de Mallorca se sigue llevando la palma. La controversia se ha instalado entre la opinión popular con voluntad de quedarse para Rodrigo; digo… para rato. En mi reflexivo interior albergaba la idea de que la Audiencia Provincial nos obsequiara con una de arena (absolución de Cristina) y otra de cal (prisión incondicional para el ex-duque de la ciudad del Palma Arena). Pues no, el tiro por la culata.

Se señala a la Justicia con el dedo de la politización, y la política de las tres togadas suaviza el presente de alguno de los encartados en el caso Nóos. Salvando la retahíla del “Debemos absolver y absolvemos”, la lega ciudadanía condena, y condenamos, desde el estupor, la digestión de las tripas de la sentencia. Nuestro circo popular solicita menos corteza de pan y más largueza de miga, porque estamos hambrientos de sed de justicia. Parece que el que la hace, no siempre la paga, o el importe a desembolsar, en calidad de castigo, se queda en pura calderilla después de haberse embolsado los billetes en los bolsillos o en las cuentas poco corrientes de las que disfrutan algunos prójimos que nos resultan tan lejanos.

“Lo que Dios juntó, nóos lo separe el hombre”. ¡Ni las mujeres!, dándole sentido a la exégesis de las Sagradas Escrituras judiciales que han reproducido en las ´versiculares´ motivaciones de su resolución las tres magistradas. El leve sarpullido de la condena solicita, amablemente, la leve obligación de rascarse la faltriquera con multas muy llevaderas, después de trincárselo crudo y depositarlo en la confortable colodra. Hasta Celia Cruz avizoraba con su luz y veía lo que se venía: “pa´ fuera, pa´ la calle”.

Hay penas, que no dan lástima alguna.

Paco de Domingo