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A renglón seguido

Hay condenas, que no valen la pena

Febrero 8, 2017
cristina iñaki

Diferentes horas han venido marcando un antes y un después. La despertadora sirena que indicaba la salida de los recintos fabriles de antaño. El reconfortador timbre señalador del recreo o fin de jornada de pupitre en el aula: ambos con celeridad y estampida. Pero, quizá, la más señalada resulte la de las doce de la noche de fin de año, donde asistimos jubilosamente al funeral del ya difunto año y abrazamos la pila bautismal, con cava, del neonato.

Bueno, pues el pasado viernes 17, como el número de los declarantes, andábamos, incluso hasta los cojos, pendientes del reloj judicial que señalaría el camino a seguir, a través del túnel del tiempo, de Cristina y dieciséis más. A partir de ahora será de Borbón y cuenta nueva. Ego te absolvo nos susurraba al oído el asotanado que nos invitaba a la catarsis de conciencia con la purificadora penitencia.

Con formulismos más tangibles y <polidimensionales> los vientos judiciales han marcado, con la veleta de la motivada resolución, el punto cardinal del futuro en libertad de la infanta Federica, quien podrá proseguir, como algunos abstemios helvéticos, generalmente potentados, sumergida en Ginebra. A las doce del mediodía –¡Ya iba siendo Horrach!-: “Debemos absolver y absolvemos”… a ella y nueve compañeros más del patio; pero no de prisiones, sino de butacas de la sala.

Siete meses de ardua tarea alumbraron la fontana de la que manó el caudal de libertad que ha armado el manual de bolsillo que compendia sobre los ´poco más´ de setecientos folios el resultado final, con categoría de fallo, de la reflexión de Samantha, Eleonor y Rocío: el trío ´bla, bla, bla´. Una suma de abstrusos contenidos, más o menos reveladores, que han empleado las ´miembras´ del Tribunal de la Audiencia de Palma para establecer las categorías infractoras y los ilícitos penales cometidos.

Ponerse por montera el artículo 122 del Código Penal

La lejana aspirante a la Corona se puso por montera el artículo 122 (“El que por título lucrativo hubiere participado de los efectos de un delito…”) del Código Penal. Dicho comportamiento viene premiado en el manual con doscientos sesenta y cinco mil euros de multa. Pero henos aquí que ya había consignado, para posibles responsabilidades civiles, alrededor de quinientos ochenta y siete mil, con lo que la renta de su declaración en la vista oral ante el Tribunal le sale a devolver, para su casilla bancaria, unos trescientos veinte mil. Para no haber hablado ante la acusación popular, le reintegrarán un pico.

El abogado Junyent, más firme que una Roca, estaba más contento que unas castañuelas: estaba “levitando”, probablemente porque le evitaba la privación de libertad.

El ministro portavoz Méndez de Vigo, que será del Celta, colige con el de Justicia, que “nadie está por encima o al margen de la Ley”. Efectivamente, ni por encima, ni al margen, el contenido de la sentencia está por debajo de las expectativas depositadas por la acusación popular y un buena parte de los estupefactos antimonárquicos súbditos.

Apuntaba, asimismo, que la sentencia “demuestra que en España, el estado de derecho funciona”; sí, sí, pero su aplicación se escribe con renglones tuertos, torcidos y torticeros. También que la Corona “respeta y acata” las resoluciones judiciales; claro: especialmente las que le sean favorables. Ante la posibilidad de recurso en casación ante el Supremo que modificara el cuerpo de la sentencia con una supuesta condena creciente ¿opinarían lo mismo los entronizados?

No sólo le salieron ranas a Esperanza en la charca de sus nombramientos, sino que nos hemos comido el sapo de la gran esperanza blanca ante una remota sucesión en el humedal de la Corona, puesto que ocuparía puestos de Europa  League en los derechos dinásticos. Acabaremos por pagar por los derechos de imagen de la ´borbona´ aunque su simple mención sea a través de la palabra escrita.

Tenía razón el visionario Rajoy cuando manifestó que estaba “convencido de la inocencia de la Infanta […] que las cosas le irán bien”.

Paco de Domingo