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Los puntos cardinales

Hassan Rohani, el tapado en la carambola siria

Septiembre 17, 2013

Hace un par de semanas, en esta misma sección, nos aventurábamos a asegurar que si la crisis de Siria tenía alguna solución, ésta inexorablemente se gestaría entre los muros del Kremlin. Y la secuencia de los hechos, efectivamente, ha venido a demostrar que San Petersburgo pudo marcar un hito en el nuevo equilibrio de las relaciones internacionales y del balance de poder entre las superpotencias. Porque el dossier sirio ha inclinado el fiel hacia la influencia de la Federación Rusa, a la que el mundo debería agradecer que se haya evitado el empleo de la fuerza, es decir, otro nuevo frente de guerra en la zona que es el polvorín de la tierra.

Esta circunstancia ha obligado a Barack Obama a seguir reiterando que si Bashar El Assad no se somete a la disciplina de la comunidad internacional y pone sus más de mil toneladas de armas químicas a disposición de los inspectores, el castigo militar se pondrá en marcha. Y aquí es donde habría que detenerse unos minutos para profundizar en unos cuantos aspectos, como el hecho de que el calendario que se le plantea al régimen de Damasco para la total neutralización de sus arsenales de destrucción masiva se prolongue incomprensiblemente durante meses.

Que no se extienda la guerra

Por otra parte, cada vez se extiende más la sensación de que Rusia, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se conforman con limitar la guerra al interior de las fronteras sirias, impidiendo a cualquier precio que se desborde y provoque un efecto contagio en otros países vecinos. Resulta demasiado descarnado simplificarlo de este modo, pero parece que la idea es que los sirios se sigan matando aunque, eso sí, en un espacio cerrado. Y, desde luego, lo que a mi juicio resulta más relevante es que se cambia por completo el discurso que hemos venido escuchando a lo largo de los dos últimos años, cuando se insistía en que Assad había quedado ilegitimado para seguir gobernando Siria. Respecto de esto, ha sido tal la presión de Vladimir Putin que nadie ha vuelto a plantear la salida de quien hasta hace nada era calificado como “el carnicero” o “el sátrapa sirio”.  Si después de lo que hemos conocido, si tras tamaño despliegue tipográfico y audiovisual para enseñar al mundo la crueldad de este supuesto demonio de educación británica, el tipo sigue en el Palacio Presidencial de Damasco, mal ejemplo para cualquier gobernante con tentaciones de emularle.

Merece la pena también destacar la evidencia del uso de sarín, gas mostaza y sospechas de VX por parte de sus tropas, una vez conocido el informe que el doctor Ake Sellstrom le entregó a Ban Ki Moon. El informe no carga a nadie con la culpa del empleo de esos agentes nerviosos, a sabiendas de que los rebeldes también reciben sustancias de ese tipo de países amigos del Golfo. Barack Obama asume que ha perdido algo de preeminencia en la esfera internacional en favor del presidente ruso. Pero esta crisis ha sacado a la luz el mensaje más conciliador del huevo presidente iraní, habida cuenta de que la verdadera preocupación del presidente norteamericano ha sido el programa nuclear de Teherán. Las cartas que Obama se intercambia con Hassan Rohani tienen efecto sanador, porque le ahorran otro foco de dolores de cabeza al hombre del Despacho Oval.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.