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Los puntos cardinales

Hamas se echa en brazos del sultán Erdogan tras una complicada carambola

Enero 4, 2012

Si podemos concluir que 2011 ha sido el año de las naciones árabes, no exageraremos si aseguramos que éste que acaba de comenzar va a ofrecernos también jugosos titulares de esa parte del mundo. Hace una semana hablábamos en esta misma sección del incierto futuro de Irak. Y hoy lo hacemos del porvenir que le espera al grupo palestino Hamas, que busca salir del aislamiento gracias a sus rivales internos y a la ayuda de otros países.

Porque lo que el horizonte pueda depararle al movimiento de resistencia islámica creado en 1987 depende también en buena medida del equilibrio de poderes en el seno de la propia organización palestina. Así, su máximo líder, Jaled Meshal, ha estado ultimando recientemente en El Cairo los términos de una posible concurrencia junto a sus enemigos de Al Fatah a los comicios legislativos que se celebrarán, si nada lo impide, en la primavera de este año recién iniciado.

En la lista negra del terrorismo internacional

El resultado del modelo islamista en Egipto, en Túnez o en Marruecos es un elemento de referencia. Meshal ha negociado directamente con la Autoridad Nacional Palestina sobre la base de principios más realistas que el segundo en el escalafón, el jefe del Gobierno de Gaza, Ismail Haniya. Haniya ha sido el rostro de piedra de la resistencia, el enemigo declarado de Israel, a quien no solo no reconoce sino por cuya destrucción aboga. Está al frente de un Gobierno soportado por un grupo que tanto la Unión Europea como Estados Unidos tienen incluido en la lista negra del terrorismo internacional.

Nos encontramos, por tanto, ante un curioso juego a varias bandas, a una difícil carambola. La crisis en Siria y la presión internacional sobre Irán dejan a Hamas sin infraestructura material y sin respaldo financiero y ello hace necesario relajar el tono del discurso. Pero tampoco se puede ofrecer ante la población palestina una sensación de debilidad, casi de rendición, a pesar de que las calles exhibieran orgullosas que la liberación del soldado Gilad Shalit en octubre pasado se plasmase en una operación de canje que, en contrapartida, devolvería a casa a más un millar de presos recluidos en las cárceles de Israel.

Bajo el disfraz de la cortesía y el agradecimiento

Con todos estos antecedentes, Hamas ha llamado a la puerta del Gobierno turco, escondiendo la maniobra con el disfraz de la cortesía y el agradecimiento.

En mayo de 2010 un comando israelí asaltó el barco Mavi Mármara de pabellón turco que pretendía saltarse el bloqueo naval de la franja de Gaza. La operación de la marina judía se saldó con la muerte de nueve activistas cuya memoria ha honrado esta semana Haniya durante una visita a Turquía.

Hechos como este vienen de nuevo a demostrar la influencia cada vez mayor que el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan está consiguiendo en esa compleja parte del mapa. El asalto al Mavi Mármara colocó a los gobiernos turco e israelí al borde de la ruptura, como ahora lo hace la represión Siria. Turquía juega al equilibrio regional y, sobre todo, al liderazgo. La Unión Europea pierde, poco a poco, el interés que a lo largo de los últimos años suscitó para las autoridades de Ankara. Con hilo directo en Washington, Erdogan cobra influencia y peso político en la zona y sabe que la puerta de su despacho es a la que todos quieren llamar.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.