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Otras opiniones

Hacer cine sin hacerlo

Marzo 17, 2011

Es la película del momento. La más taquillera de España y la sexta a nivel mundial. Torrente 4, una de esas películas que nadie debe perderse porque provocan carcajadas y relajación, a pesar de que los protagonistas no sean actores ni actrices profesionales. Santiago Segura recibe críticas, golpes y hasta zarandeos en algunos medios de comunicación por tener entre el repertorio de vips a Belén Esteban o Kiko Rivera.
Es cierto que resulta incomprensible que actores de importancia indiscutible anden vagabundeando un papel en una serie o en una telecomedia, pero Segura no tiene la culpa. Su éxito proviene de lo distinto, de lo no convencional, de lo mágico, de lo surrealista. De hecho, nadie podría hacerlo como él. Los rebotes de directores de reputada fama son ilógicos, sobre todo porque gracias a su trabajo, es posible que la industria del cine español consiga salir del pozo en el que anda metida. Al igual que tampoco entiendo los desplantes verbales de mi admiradísima Loles León o de otros muchos actores que se flagelan por no pertenecer a la saga de Torrente.  
Es como si periodistas, licenciados o no, descalabraran públicamente contra amantes, vividores y concursantes que pueblan las tertulias de sociedad, política o de ciencia obtusa. No sería lógico, puesto que, al final, la única función del cine y de la televisión es entretener y divertir. Y, para eso, todo –o casi todo- vale. Más de uno debería proponer crear situaciones y guiones distintos, con otro tipo de personajes y personas, y dejarse ya de paparruchadas que únicamente intoxican, marean y enturbian los éxitos conseguidos.