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A renglón seguido

Guerra y paz

Marzo 21, 2013

Desde el fallecimiento de uno de nuestros gallegos más ilustres –con permiso de nuestro registrador pontevedrés- de origen ferrolano, y que condujo nuestra nave nacional durante casi cuarenta años de larga travesía hacia la deriva, en un más que palmario estancamiento y errático destino, dejando su imborrable huella a lo largo y a lo ancho, a lo alto y a lo abismal –La España profunda-, dos hechos han marcado con indeleble impronta la historia de nuestra nación, maculando el calendario de acontecimientos de nuestra treintañera democracia.

Me refiero a los llamados 23-F (1981) y 11-M (2004), que, aun pareciendo ser la dirección postal en el banco de datos del INE de cualquier contribuyente residente en un rascacielos, se distinguen, por su orden, en cursiva y en luctuosa negrita. Ambas son fechas de ingrato recuerdo para todos; incluso para los autores, quienes, al margen de la satisfacción personal por desarrollarse como hijos del primer ángel caído, fueron identificados, detenidos y juzgados.

El primero de los hechos se relaciona con un intento abortado –es lo que tenían que haber hecho las madres de los autores- de golpe de estado por parte de un mal puñado de uniformados de verde (así estaban sus planes) y marrón (… “lo que se comieron”); afortunadamente con resultado incruento, a pesar del ruido de proyectiles proyectados con proyección de impactar en el cuerpo de la imparable inorgánica democracia.

Del segundo, que se vincula con el mayor atentado terrorista acaecido en nuestro país, se celebra el noveno –con novena para los practicantes por el rosario de víctimas letales- aniversario. El resultado: 192 víctimas aleatorias que pasaban por allí, inocentes de haber nacido, pero no de salir de casa ese día. El suceso, mal juzgado por Dios y para “El Mundo”.

Lucha entre asociaciones

Como no podía ser de otra manera –frase que aborrezco- se han vuelto a ver todo, menos las caras, las dos asociaciones más destacadas (AVT y AV11-M…), que se atribuyen el dolor de los fallecidos en atentados y descontados de la nómina de los vivos, cuyo importancia, ya no remunerada, cobra especial montante estos días. Sus dos generalas, Angeles Pedraza y Pilar Manjón, se empecinan en combatir, por su cuenta sin riesgo, en el “conflicto” por la representación de los finados en el campo de batalla del terrorismo.

Una estúpida guerra con armisticios pero sin paz, atrincherándose cada una en sus posiciones, y donde lo único que comparten, es la munición de la queja por el “olvidadas” y “desamparadas” en el que, al parecer, las han instalado los poderes públicos, relegándolas a la retaguardia del demagógico consuelo. La segunda manifiesta, que les han reducido las ayudas en un 28%, y se queja del aumento que se le ha procurado a la primera –un 18% más- en un acto de discriminación nada positivo.

Si “la unión hace la fuerza”, lo que buscan es “divide, y vencerás”, en lugar de “si no puedes con tu enemigo”, que no lo es ¿…?, “únete a él”.

Paco de Domingo