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Otras opiniones

Grecia

Julio 14, 2015

Lógicamente, este Estado de funcionarios, pensionistas y subvencionados que, salvo turismo, no produce casi nada nada, que falseó sus cuentas para fingir que cumplía los criterios del euro, el incumplimiento fiscal es la regla y vive estructuralmente por encima de sus posibilidades a base de endeudarse, sufrió de forma virulenta los embates de la crisis económica gestada a partir de 2007, necesitando dos sucesivos rescates por parte de las Instituciones Europeas.

A partir de 2010, compelido por dichas Instituciones, el socialista PASOK trató de realizar algunas reformas y recortes que solo consiguieron generar un periodo de huelgas generales y violentas turbulencias sociales y el triunfo del derechista Nueva Democracia, cuyos intentos en la misma dirección tuvieron idénticas consecuencias sociales y la tajante demostración de que los griegos no estaban dispuestos a renunciar a su modo de vida, optando por enfrentarse a los recortes mediante la elevación al poder de un nuevo partido, Syriza, integrado por una coalición de maoistas, troskistas y otros grupos antisistema que prometía a los griegos  lo que estos querían oír: que ellos no tenían por qué renunciar a nada ni aceptar ningún recorte, que su parasitario modo de vida no debía limitarse sino extenderse a toda la población y que la culpa de todos sus males era de las malvadas Instituciones Europeas.

Parece evidente que quién durante muchos años ha producido muy poco y gastado mucho necesita, en primer lugar, apretarse el cinturón para ahorrar, lo que en el caso de Grecia se traduciría, por ejemplo, en impedir que existan múltiples profesiones en las que la jubilación se realiza con poco más de 50 años y, en segundo, en mejorar el sistema productivo adelgazando el Estado y liberalizando la economía.

Seguir comiendo del pesebre

Sin embargo, Syriza, que formó Gobierno coaligándose con el xenófobo y ultraderechista Anel, llegó al poder prometiendo, como aquí Podemos, exactamente lo contrario: más Estado, más empleos públicos, más derechos y prestaciones sociales y más gasto público; y cuando ha sometido a referéndum la propuesta de las Instituciones Europeas de realizar recortes, reducir el clientelismo y devolver a largo plazo la deuda contraída, los griegos, que por algo les habían elegido, en un gesto de “orgullo nacional” han apoyado masivamente su propuesta de decir no, dejando claro, que prefieren no cambiar ni devolver nada, pedir más y seguir comiendo en el pesebre con pienso ajeno tal y como vienen haciendo.

Lógico; lo que resulta más difícil de entender es el apoyo que reciben por parte de la “progresía” defensora de las tesis “anti austericidio” ¿alguien puede creerse, aunque lo digan San Krugman y San Stiglitz, que de una crisis generada por el enorme y continuado gasto improductivo se puede salir no cambiando nada y gastando más? Nunca he logrado entender por qué ser austero es de derechas y ser gastador de izquierdas.

Problema estructural

El problema de Grecia es estructural y se ha ido gestando a lo largo de muchos años bajo los gobiernos de Nueva Democracia y del Pasok; no obstante, estos son partidos de ideología homologable con los mayoritarios en el resto de los países europeos, habían reconocido la situación (el Pasok llegó a confesar públicamente el falseamiento de las cuentas) y estaban tratando de tomar medidas para reconducirla; el año pasado la economía Griega ya creció algo y para este los organismos internacionales habían pronosticado un sustancial incremento del PIB. Parece claro que con ellos las ayudas europeas no se habrían interrumpido, las reformas habrían continuado y la economía griega, poco a poco, habría ido mejorando aunque, naturalmente, exigiendo importantes esfuerzos y sacrificios a los griegos, tal y como han tenido que hacer otros países europeos para salir de sus crisis.

Culpar a otros

Pero los griegos, que ya habían venido dando repetidas muestras de su irresponsabilidad, en lugar de asumir su situación, su responsabilidad en su crisis y la necesidad de realizar importantes sacrificios para salir de ella, optaron, como Franco, por culpar de sus males a la conspiración judeo masónica; y elegir a Syriza,  y Syriza, equivalente en su ideología y sus propuestas a nuestro Podemos, es un partido antisistema incompatible con el régimen democrático-liberal imperante en el primer mundo que constituye la base de la existencia y fundamento de la Unión Europea.

Por mucho que se revista de pragmatismo en el “tránsito hacia el verdadero socialismo”, por mucho apoyo popular y por muchos chantajes económicos y geoestratégicos que realice (y no ha ahorrado esfuerzos en dichos aspectos) Syriza, que prometa lo que prometa para conseguir el dinero que le resulta imprescindible no lo va a cumplir porque iría en contra de su ADN y de lo que ha propuesto y ganado en el reciente referendum, no solo no puede sacar a Grecia de la crisis (en sus pocos meses de gobierno la ha agravado enormemente), sino que, aunque esta no existiera, sus políticas programáticas inevitablemente la generarían, ya que son incompatibles, por supuesto con la esencia de la Unión Europea, pero también con cualquier principio de racionalidad económica y social (lo veremos en España si llega a gobernar Podemos). Darles más dinero confiando en que los pirómanos apaguen el incendio parece extremadamente ingenuo.

Los extremismos utópicos de izquierda y de derecha han hecho y siguen haciendo mucho daño; en el siglo pasado fueron el comunismo, el nazismo y el fascismo y en este parece que se les puede añadir el socialpopulismo, cuyos representantes más preclaros son Syriza y Podemos.

Adolfo Barrio