Menú Portada
Volando voy, volando vengo

GERMANWINGS 9525: Las reglas de oro que acaban en una ladera de los Alpes

Marzo 25, 2015

Ocho minutos es mucho tiempo, demasiado, para que dos pilotos no encuentren un momento para lanzar una llamada de emergencia que sabían vital. Habrá que esperar y ver si la avería que tuvieron provocó un caso de pérdida de consciencia de los pilotos o un fallo total de comunicaciones

Once mil seiscientos metros de altitud, ochocientos y pico kilómetros por hora, cincuenta toneladas de maquinaria de última tecnología, ciento cincuenta vidas… que se transforman en un campo de restos en apenas ocho minutos de vertiginoso descenso hacia la tragedia que nos recuerda que nuestro tamaño es inversamente proporcional a nuestro orgullo.

¿Qué pasó? ¿Por qué?  Es pronto para saberlo y, además, no hay más que tener paciencia, porque debido a las características de este accidente, no cabe la menor duda de que se conocerán las causas exactas más pronto que tarde.  Así que voy a evitar la posibilidad de desinformarles a ustedes, tal y como dicta la liturgia informativa de moda en las mil tertulias oportunistas que proliferan al calor del lógico frenesí mediático, y voy a hablarles de lo que sé. 

¿Qué sucedió en esos ocho minutos de descenso hacia la catástrofe? ¿Qué hacia el piloto al mando en esos momentos?

Las tres reglas de oro de los pilotos…

Los pilotos, sean civiles, militares, privados o de transporte, españoles, americanos, de Airbus o de Boeing, plantan cara a las emergencias siguiendo tres reglas de oro:

1ª) VOLAR: Mantén el avión en el aire. El aire es más blando que tu avión, la tierra más dura.

2) NAVEGAR: Haz que el avión vaya por y hacia donde tú quieres, no permitas que se dirija a una zona donde puedas tener problemas.

3) COMUNICAR: Cuéntale al controlador lo que pasa, dile lo que vas a hacer y lo que necesitas que él haga. Hay más aviones alrededor tuyo que necesitarán que alguien los separe de la trayectoria que vas a seguir en tu maniobra de emergencia y, en el peor de los casos, alguien tiene que saber dónde buscarte.

…Y cómo transcurrieron esos ocho minutos

¿Cómo transcurrieron esos ocho últimos minutos en relación a estas tres reglas? Veamos:

VOLAR: El avión volaba… pero su régimen de descenso era extraño, unos mil cien metros por minuto cuando un descenso normal es de algo más de la mitad y, sin embargo, era inferior al régimen de descenso máximo posible del avión (que hubiera sido compatible con un descenso de emergencia controlado). El avión volaba, pero no bien.  Se dejaba controlar, pero sólo hasta cierto punto.

NAVEGAR: La trayectoria sugiere que el piloto no controlaba la navegación de su avión. Desde los 11.600 metros de los que partió, dada su situación geográfica, si hubiera modificado su rumbo podría haber llegado a Niza, Marsella o a casi cualquier otro aeropuerto de la Costa Azul, incluso planeando; es decir, sin necesitar empuje de sus motores.  En lugar de virar hacia terreno bajo y llano, continuó siguiendo el rumbo original, aquel que le llevaba hacia el terreno más elevado de la zona.  Eso no se hace si se puede evitar.

COMUNICAR: Ocho minutos es mucho tiempo, demasiado, para que dos pilotos no encuentren un momento para lanzar una llamada de emergencia que sabían vital. Habrá que esperar y ver si la avería que tuvieron provocó un caso de pérdida de consciencia de los pilotos, un fallo total de comunicaciones o, simplemente, una carga de trabajo en cabina tan alta que, entre los dos pilotos no encontraron un momento para declarar emergencia por radio o por cualquiera de los otros métodos establecidos al respecto.

Ya veremos el resultado de la investigación que se lleva a cabo con la lógica premura derivada de lo popular del avión siniestrado, modelo muy extendido entre las rutas de corto y medio radio del mundo entero, así como de que, en aviación, lo que sucede una vez se repetirá… a no ser que la industria tome medidas para que no se repita.

No quiero cerrar el artículo sin apelar al sentido común, aquel que nos hace encuadrar los acontecimientos según una perspectiva útil para superar las emociones y  llegar a conclusiones. Y esa perspectiva, a pesar de la repercusión mediática que origina un accidente de aviación comercial, nos indica que no debemos olvidar que, en este momento, mientras usted lee esto, hay medio millón de personas volando en aviones de transporte de pasajeros, y que todas ellas, según estadística, llegarán felizmente a su destino.
 
Jules Védrines