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¡Qué fuerte!

Gente podrida

Mayo 15, 2014

Nada en esta vida justifica un asesinato. Ni por mala persona, ni por envidia, ni por celos, etc. Por nada se puede matar a nadie. Nadie es dueño de la vida de nadie y nadie puede jugar con alguien, hacerle daño, acosarle o manipularle. Pero del poder o deber a la realidad va un mundo. Al final, está visto que cada uno hace lo que le da la gana y pasa lo que pasa; que, por venganza, una madre mata a una política porque despidió a su hija bajo el vil argumento de que les hizo mucho daño. Pero las acciones nos delatan y nos retratan tal y como somos.

El que practica el mal lo hace porque es mala persona y el que mata lo hace porque es un asesino. Esta gente que acosa, odia sin límites y no deja vivir en paz, son enfermos patológicos, obsesivos retorcidos que, en vez de pedir ayuda para gestionar el odio que sufren hacia los demás, provocado por la falta de autoestima y por trastornos mentales entre otras cosas, descargan su ira haciendo imposible la vida tranquila de la gente normal y corriente. El resultado final no es otro que el hundimiento personal y el de la vida que le rodea. Ahora la asesina pagará por su odio y repercutirá en ella misma, en no poder ver a esa hija por la que ha hecho todo esto, en no estar a su lado para protegerla con coherencia y cariño, privada de libertad y lejos la una de la otra por no haber sido personas normales que siguen adelante con sus vidas a pesar de las adversidades y sin preocuparse de las vidas de los demás. Sus malos actos se vuelven ahora contra ellas y jamás vivirán en paz.
La sociedad en la que vivimos
 
Eso es así y para llegar a esta conclusión no hay que ser muy listo. Basta con echar un vistazo a la sociedad en la que vivimos y a la gente que nos rodea. No hay valores y la venganza y la maldad se han apoderado de las gentes de mala voluntad. Está todo podrido y un claro reflejo es lo que ha ocurrido en Twitter desde que se supo la noticia del asesinato. Cuánta gente se ha alegrado de la muerte. Cuántos han celebrado los tiros. Eso si, la mayoría de manera anónima y tras un perfil oculto, como lo hacen los cobardes. Aunque curiosamente, los ha habido a cara descubierta, cosa que les ha costado el cargo político, por ejemplo. A los demás, es fácil saber quién se esconde detrás de un perfil y se pondrán medidas para castigarlos, gracias a Dios. Definitivamente estamos locos. Vivimos en una sociedad enferma que es capaz de desear, provocar y alegrarse del mal ajeno. Da vergüenza y pena la actitud de aquellos que, sólo por no comulgar con la misma ideología, han ensalzado el delito consiguiendo así ponerse a la altura ética y moral del malhechor. El mal no justifica el mal. La justicia es la que se encarga de los injustos. La vida sería más fácil y mejor si nos ocupáramos de nosotros mismos, de ser mejores personas, en lugar de estar pendientes de los demás. En definitiva, practicar el lema vive y deja vivir, que es la única manera de ser feliz.
 
Rosana Güiza