Menú Portada
A renglón seguido

Funnydent y Vitaldent: La “pasta”, al dente

Febrero 23, 2016

Desde hace unos años la cultura del cuidado buco-dental se ha convertido en objeto de culto,  ya por necesidad del mantenimiento de las piezas, ya por cuestiones puramente de estética, y, a rebufo de esta demanda, han florecido, con ciertos capullos a la cabeza, centros de tratamiento que, en competencia con los tradicionales médicos orales de toda la vida, ofrecen sus servicios con unas tarifas más competitivas.

Dejamos atrás la tradicional enemistad y aversión a los sacamuelas de antaño, y abandonamos los miedos a visitarlos por temor a la indefensión que supone exponernos con la boca abierta –es como quedábamos y quedamos al abonar la faena del maestro- al devastador torno chirriante o al mal trago de jeringarnos en la encía.

Hemos ido aproximándonos a  la terminología de los interventores, y así hemos ido creciendo en las acepciones del oficio. Aparcamos la denominación del atávico sacamuelas de tenaza, para pasar a los dentistas; evolucionamos hacia los odontólogos y estomatólogos junto con los protésicos dentales, endodoncistas y facultativos maxilofaciales, ampliando con el paso del tiempo la jerigonza de los licenciados.

A la sombra de los honestos

Y a la sombra, que es donde acaban algunos, del honesto desarrollo de la profesión ha aparecido algún pillo que otro. Concretamente los gerentes de “Funnydent” y “Vitaldent” con Cristóbal López y Ernesto Colman, respectivamente, a la cabeza de sus empresas. El segundo, emulando al mejor Oscar Wilde: “La importancia de llamarse Ernesto”, está siendo señalado como responsable de cometer, al menos, dos delitos: Estafa y blanqueo de capitales. El uruguayo que iba de guay ha montado un guirigay de mucho cuidado.

Mientras sus clientes acudían para blanquearse “el piano”, él les hincaba el diente para después blanquear sus resultados. A este protésico dental en sus orígenes se le han detectado cuentas poco corrientes, caballos pura sangre, vehículos de alta gama, avión privado y piso en Manhattan… entre otras bagatelas que “son tela”. Está siendo investigado en la llamada operación “Topolino”, el roedor italiano emparentado con el entrañable ratoncito Pérez: nuestro particular Diógenes del marfil.

El ratero, que lo tenía todo a pedir de boca y al que le debe de encantar la pasta al dente, ganaba la pasta con los empastes y cometía las supuestas tropelías sin anestesia. Como era muy incisivo con los beneficios, cobraba el royaltie de su franquicia parcialmente “en negro” e inflaba las facturas de suministros de las clínicas de su marca masticando lo jugoso de los beneficios y enjuagando sus ingresos en las mandíbulas de la banca helvética.

También se le adjudica un pueblo abandonado en valle de Arán. Ya lo decía la Topolino Radio Orquesta: “Encima en las montañas tengo un nido, que nunca ha visto nadie cómo es […] viviendo en mi casita de papel”… moneda.

Quiero “Colgate” para <borrate> tu sonrisa “Profidén” pensarán los franquiciados, si bien: usará “Binaca”, ya que, “si puede pagar un poco más…” No como sus pacientes quienes, por la cariestía de la vida, tenían que buscar financiación en casa ajena.

Paco de Domingo