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¡Qué fuerte!

“¿Fumas? ¡No!, gracias”

Marzo 4, 2010

Hace unos días recibí un mensaje en Facebook de una de mis amigas virtuales, Teresa. Me pedía ayuda porque no sabe cómo dejar de fumar. Está desesperada, lo ha probado todo y, gracias a la fuerza de voluntad, lo ha dejado un par de veces pero, en el pulso entre el cigarro y su fuerza de voluntad, la nicotina puede con ella y gana el cigarro. En su último intento ha pedido ayuda a la Seguridad Social pero no se lo ponen nada fácil. Hay tratamientos que cuestan 150 euros al mes pero no le garantizan el abandono definitivo del vicio. Tampoco están subvencionados por el Estado, con lo que son tratamientos que dejan de estar al alcance de muchas personas que quieran dejar el maldito hábito. Preocupada por Teresa e interesada en el tema, veo que casi todas las semanas, por no decir casi todos los días, en los periódicos, viene alguna noticia relacionada con el tabaco, con lo que mata, con la nueva Ley Antitabaco sobre la prohibición de fumar en los espacios públicos cerrados, locales de ocio y restaurantes y que tanto está tardando en aplicarse, sobre la nueva imagen de las cajetillas, etc. Incluso en Facebook se han creado varios grupos de fumadores pidiendo ayuda e información sobre los datos de muertes por culpa del tabaco, -que son cincuenta y cinco mil al año en España-. Piden que se dé igual trato a las víctimas por accidentes de tráfico como del tabaco.

El ministerio de Sanidad ya ha elegido catorce, de entre un catálogo de cincuenta imágenes, para cubrir las cajetillas y desaparezcan así, aunque sea un poquito, las ganas de echarse un pitillo. Son duras; hay pulmones cancerígenos, cuellos tumorosos, dentaduras podridas, así hasta catorce. Ya lo intentó el ministerio con las frases lapidarias sobre lo que provoca fumar como impotencia o cáncer, e imagino que algo se conseguiría, aunque, el que tiene el vicio, de poco le servirá ver un pulmón destrozado, se lo aseguro como fumadora empedernida que he sido. Parece ser que estas imágenes incrementan entre un 40% y un 60% el número de personas que manifiesta una intención clara de dejar de fumar. Sí dio resultado la Ley aprobada en 2005 que prohibía fumar en ciertos lugares públicos, de hecho, las estadísticas demostraron que aumentó el número de personas que dejaron de fumar, incluso descendió en mil quinientas personas al año las muertes por tabaquismo en España.


Temores infundados

Pero no es suficiente la medida de las imágenes. El ministerio va a endurecer la Ley Antitabaco durante este año y se prohibirá fumar en todos los lugares públicos cerrados. No así en espacios públicos abiertos. Esta medida tiene contenta a una parte de la población y cabreada a la otra. Aunque hay un 70% a favor de la prohibición, entre los que se encuentran fumadores, no fumadores, fumadores pasivos y sanitarios, hay un tanto por ciento restante en contra, sobre todo perteneciente al sector hostelero. Éstos tienen miedo a que, con esta medida, tengan pérdidas en sus negocios. No tendrían por qué temer nada ya que la Ley Antitabaco que entró en vigor en enero de 2006 no ha repercutido en el gasto hostelero en estos cuatro años que lleva en marcha. Además, tendrían que estar tranquilos sabiendo que en otros países en los que ya se ha aplicado esta Ley como Reino Unido, Francia, Holanda e Italia, no han sufrido ningún tipo de pérdida y no ha sido negativo para el sector.

Ahora, el ministerio debería, además de prohibir, facilitar las cosas para que todo el mundo esté contento. No se trata sólo de prohibir, también hay que colaborar y ayudar a esa gente a la que se le prohíbe. Y si tanto se quiere resaltar lo malo que es el tabaco para la salud, ayudemos también a esos esclavos de la nicotina con tratamientos baratos o subvencionados. Entiendo también el cabreo de los hosteleros que, en su día tuvieron que hacer reformas en sus locales para dejar zonas de fumadores y no fumadores, con el consiguiente gasto de dinero, para que ahora, después de cuatro años, se prohíba fumar definitivamente y sin condiciones. Ya podían haberlo hecho de golpe y evitar así ese gasto innecesario.

Tolerancia

Claro que, también entiendo al ministerio al hacerlo así porque, si se llega a prohibir fumar de buenas a primeras en todos los lugares públicos sin habernos ido acostumbrando poco a poco, estoy segura de que se hubiera montado un gran lío. Seguro que los españoles hubiéramos puesto el grito en el cielo y hubiéramos salido a la calle a manifestarnos en contra de tal medida. Así que, por un lado, mejor así, nos fueron adiestrando y acostumbrando poquito a poco, aunque a los hosteleros ahora no les haga ninguna gracia. Todavía no me imagino una discoteca sin humo o una comida con copa y sin puro, pero será una realidad dentro de nada y será fantástico y eso que soy de las ex fumadoras a las que no les molesta el humo. Soy de las tolerantes.

Empecé a fumar con 15 años, en el instituto. Por culpa de un juego estúpido y absurdo, tonterías de la edad. Al principio era una fumadora de fin de semana, ocasional, hasta que, como toda droga, te va enganchando y te conviertes en una fumadora empedernida de paquete y medio al día. Hasta que un día decides dejarlo, por diversas razones que ahora no vienen al caso. Dada mi falta de fuerza de voluntad para ello tuve que recurrir al Doctor Beltrán Carrillo, un médico excepcional que me pinchó unas agujitas por todo mi cuerpo. Salí de la consulta con la cajetilla en el bolso -paquete que todavía conservo, más seco que la mojama, por algún cajón de mi casa-, y sin ganas de encenderme un pitillo. Hasta hoy.

Hace ya más de cuatro años. Les aseguro que era de las que salía del dentista con una muela recién sacada y me encendía el cigarro a escondidas; incluso era lo primero que me echaba al pecho cuando me levantaba.

Sin embargo, dejar de fumar es lo mejor que he hecho en mi vida, aparte de dejar a algún que otro novio.

Rosana Güiza