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Otras opiniones

Fuera ya, Arturo Canalda

Septiembre 23, 2009

No se puede negar que la vida de Belén Esteban interesa. Es la Reina Midas de la televisión, quizás porque el telespectador empatiza con facilidad. Tanto es así que la decisión del Defensor del Menor de actuar en su contra se ha convertido en una especie de debate nacional en el que todo el mundo se expresa con libertad. Incluso esos que tienen la moral distraída y la critican vilmente mientras se llenan los bolsillos hablando y aconsejando. Sin embargo, resulta lamentable que Arturo Canalda, actual Defensor del Menor, haya montado este circo mediático con la única pretensión de cotizar al alza en el submundo del corazón. Está más que encantado de que su nombre se repita incansablemente en todas las tertulias televisivas y radiofónicas y disfruta en privado de la efímera fama que le acompaña. Es triste que se considere uno de esos superhéroes con capacidades innatas para solventar problemas ajenos, pero más desagradable resulta que lo que en un principio podría considerarse un mecanismo rutinario para salvaguardar la integridad de una menor haya derivado en una disputa encarnizada entre Canalda y Javier Urra, el que fuera primer Defensor del Menor, por conseguir más minutos de pantalla. Están chutados de imagen y protagonismo. Si no hubiera sido por este escándalo, nadie –ni siquiera aquellos periodistas que van de progres y serios- se hubiera preocupado ni ocupado en saber quién legisla los derechos del menor. Es deleznable que abran un expediente contra Belén Esteban por ventilar la vida privada de su propia hija y que sean ellos mismos los que, día tras día, lleven al plano público sus impresiones sobre Andreíta. Desde que se levantó la polvareda no han dejado de hacer incendiarias declaraciones para que la rueda gire más y más. Es una de esas absurdas contradicciones que producen vómitos a diestro y siniestro y que, sin duda alguna, habría que poner en conocimiento de las autoridades pertinentes. No es admisible, y ni siquiera respetable, la actitud mercantilista y egocéntrica con la que Canalda y Urra proyectan sus puntos de vista sobre este tema. Y más siendo -o habiendo sido- cabeza de tan importante organismo público. Asqueroso. Exijo públicamente la destitución de Arturo Canalda pues en lugar de proteger al menor lo utiliza como trampolín para sobresalir públicamente. ¡Fuera ya!
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista