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Los puntos cardinales

François Hollande, el correo del zar

Diciembre 9, 2014

El último discurso de Vladimir Putin sobre el Estado de la Federación fue un paso adelante que, en realidad, no hacía sino poner de manifiesto la eficacia de las sanciones internacionales y la situación tan complicada en la que se ha metido a sí mismo el inquilino del Kremlin. Denunciaba Putin a Occidente de intentar establecer un nuevo telón de acero alrededor de Rusia para provocar su asfixia y su aislamiento. Llegó incluso a decir el presidente ruso que hay cancillerías occidentales que desearían ver una desintegración de la federación parecida a la de la antigua Yugoslavia. Vladimir Putin se siente arrinconado y no puede permitirse ni un gesto de debilidad, por lo que se ve obligado a forzar la belicosidad de su discurso y dejar claro que sus ejércitos disponen de plena eficacia operativa para responder a cualquier desafío. 

Pero, orgullo aparte, las cifras se alían en contra de Moscú. Baja el precio del petróleo y la cotización del rublo cae en picado, y el Gobierno ruso da ya muestras de resentirse de los efectos. Ya hemos contado en esta sección que Putin lleva tiempo buscando forjar nuevas alianzas, y la prueba más palpable es su nueva agenda de cooperación e intercambio con China. Porque para Occidente, el presidente ruso es un problema mayúsculo al que ha habido que reconvenir mediante sanciones económicas. Conscientes de que nadie contemplaría un escenario de operaciones militares, los efectos del castigo económico se han mostrado más eficaces que los misiles tierra-tierra.

Gobernantes en horas bajas

La sorpresa de los últimos días en materia de Diplomacia internacional ha sido el viaje sorpresa de François Hollande a Moscú. Algo une a ambos, y es que los dos gobernantes se encuentran en sus horas más bajas. El presidente de la República Francesa se presentó en la Plaza Roja con el ánimo de rebajar la tensión y con la firme voluntad de hacer cuantas gestiones sean necesarias para que Rusia y Ucrania se sienten a la mesa de negociaciones y enfríen una tensión que vuelve a poner en peligro la estabilidad en la región suroriental ucraniana.

Lo que nadie ha explicado es la razón por la que Hollande ha llevado a cabo esta iniciativa. Es decir; si este paso ha sido fruto de la voluntad del Elíseo a título individual o si, por el contrario, el presidente francés lleva algún recado de alguien. Me recuerda este nuevo papel de François Hollande a su compatriota, Julio Verne, a cuyo talento debemos la obra ¨Miguel Strogoff, el correo del zar¨. El jefe del Estado francés recuerda a los presidentes norteamericanos que, o en razón de su baja popularidad o de la rutina del tiempo acumulado, aprovechan el término de sus segundos mandatos para volcarse en grandes empresas diplomáticas y en empresas que los hagan tener un espacio propio en los libros de Historia. Todo esfuerzo orientado a lograr la paz en el mundo es irreprochable. Es más; la humanidad está huérfana de estadistas con la visión y la influencia suficientes como para cosechar éxitos destacables en estas disciplinas.

Bajo la mirada atenta de Angela Merkel

De los países europeos con más peso, tradicionalmente ha sido Alemania quien se ha reservado para sí una relación especial con los rusos. Angela Merkel, pues, no ignorará esta embajada itinerante que Hollande ha puesto en marcha. Lo que falta por saber es si en su “attaché”, el presidente francés lleva encargos de la OTAN, de Estados Unidos en particular, de la ONU o de la Unión Europea. O acaso sea esta nueva agenda algo exclusivamente de su propia cosecha.

Porque quizá François Hollande se haya convencido de que lograr las cotas de popularidad más bajas en ese puesto no es algo que motive sacar pecho y presumir de gestión. La situación política y económica de Francia es compleja y sólo una misión o un encargo de enorme relieve que no conocemos podría justificar que al galán Hollande no acaben recomendándole lo que en su día le dijeron a José María Aznar cuando descubrió el prestigio que otorga la agenda política internacional. Uno de sus colaboradores le sugirió: ¨presidente, más Soria y menos Siria”. Los parados de la periferia de las grandes ciudades francesas seguro que le agradecen a su presidente que piense más en Toulouse que en Donetsk.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero