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Mensaje en una botella

Franco, Gadafi y el Día del Padre

Marzo 17, 2011

Ya es primavera en ese inmenso Corte Inglés en que se convierte España por estas fechas en las que, de paso, se celebra el Día del Padre. Hay padres cariñosos y padres fríos. Hay padres simpáticos y padres bordes. Hay padres de derechas y padres de izquierdas. Incluso hay padres que parecen madres y padres que, aunque se vistan de seda, padres se quedan. Pero, ¿qué sería de este país sin el Día del Padre?

Esta fiesta integradora hace que olvidemos las diferencias y recordemos lo que nos une: todos tenemos un padre. Aunque eso no sea garantía de que cada uno de nosotros conozca al suyo. Algunos no pueden disimular porque hablan, gesticulan y expelen ventosidades como sus padres. Otros son capaces de un ejercicio meritorio de travestismo y se hacen pasar por hijos putativos.

El Día del Padre es un negocio ideal para los comercios en época de crisis porque, hasta que algún teletipo de última hora diga lo contrario, el padre es un referente en nuestras vidas y conviene honrarlo. Es decir, eso que Carlos Herrera llama “adhesiones inquebrantables”. Pero que las adhesiones sean en vida, por favor, y no haga falta esperar a que el mortal confirme por sí mismo su condición de mortal. Ya sabemos que al ir de velatorio oiremos insistentemente que el que nos ha dejado “era un santo”. Incomparable adhesión, tardía aunque inquebrantable.

La Quinta Columna

Ahora que sale el sol y se desvanece la lluvia, llega el Día del Padre y la vida se parece a Sevilla: tiene un color especial. Papá se olvida de la puñetera crisis económica que le trae por calle de la amargura y de la oleada de prohibiciones con la que ha comenzado el año.

La última y más sonada prohibición, la de no poder circular a más de 110 kilómetros por hora en carretera, hace que papá recuerde los tiempos de un señor gallego más bien bajito que detentó el poder durante 40 años por estos lares. Sí, hombre, ese general español del que se ha revelado gran admirador un coronel libio. Gadafi, que también es padre, ha comparado a sus seguidores con la Quinta Columna de Franco que esperó en Madrid al caudillo y se unió a sus tropas para rubricar la victoria en la Guerra Civil. Hay que ver cómo se parecen los gobernantes que sufren alergia a las urnas.

Esta semana hemos tenido ocasión de ver en TVE a otro gobernante que también es padre y que también emplea métodos inquietantes de dirigir su país. Me refiero a Mahmud Ahmadineyad, al que Joaquín Reyes supo caricaturizar como nadie al convertirlo en ¡Jamadineyad! (así entre signos de exclamación) y al que Ana Pastor ha sabido entrevistar como pocos periodistas deben de haber hecho hasta el momento.

Quiénes son sus padres

Un padre como Gadafi o como Ahdamadineyad te marca de por vida. Más que nada porque no parece haber fácil escapatoria en el hipotético caso de que quieras perderlo de vista. Me da la sensación de que hay ciertos padres a los que ha de ser difícil rehuir.

Sófocles nos presenta en Edipo Rey a un hombre que quiere saber quiénes son sus padres. El protagonista de esta insuperable tragedia griega empeña su Destino en conocer su pasado y acaba ciego. Pero Edipo consigue saber quién es. La inmensa mayoría de nosotros no necesita llegar tan lejos para conocer a sus padres. No los perdamos de vista.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com