Menú Portada
¡Qué fuerte!

Francisco, un Papa normal

Julio 30, 2013

Se ha terminado ya la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2013 en Rio de Janeiro. Una semana ha estado el Papa Francisco recorriendo Brasil, disfrutando del cariño de millones de jóvenes de todo el mundo. Millones, sí, más de tres asistieron a la misa que celebró Su Santidad en la famosa playa de Copacabana. Nunca, jamás, han visto mis ojos un líder que mueva tantas masas como lo hacen los de la Iglesia. Una playa abarrotada de gentes llegadas de todos los rincones del planeta para aplaudir a un líder espiritual y mandar así un mensaje de unión y fuerza Católica al resto del mundo. El cristianismo dejó de ser hace unos años la religión mayoritaria y ha sido la más atacada en los últimos tiempos. La Iglesia Católica es criticada por sus dogmas, su ideología, sus riquezas y sus escándalos y es normal, ellos solos se buscan el rechazo de una sociedad en constante evolución y avance. La homosexualidad, los casos de pederastia y de corrupción dentro de la Iglesia han salido a la luz y han provocado el rechazo y las críticas hacia una religión que no acepta y critica duramente ciertos comportamientos mal vistos por esos mismos que luego los practican. Es como el político que lucha contra la corrupción y se le descubre un fraude o el policía que lucha contra el delito y se le pilla infringiendo la ley.

Expectativas cumplidas

El Papa Francisco ha cumplido con mis expectativas como católica que soy. A diferencia de los políticos, sin presentar un programa, está cumpliéndolo sobradamente en poco tiempo. Su sinceridad, humildad y cercanía está cautivando al mundo. En el viaje de vuelta a Roma de las JMJ 2013 ha charlado con los periodistas y sus palabras han dejado huella; reconoce que dentro de la Curia hay buenos y malos, como en todos sitios. Los hay santos, que rezan y trabajan por y para los demás, pero también hay “manzanas podridas” que cometen delitos y que no son tan santos. Reconoce los problemas que tiene con el banco del Vaticano, con los casos de corrupción y pederastia, incluso se reconoce pecador, como todos los humanos, por eso pide que recen por Él.

Pero las declaraciones más sorprendentes que jamás hubiéramos esperado de boca de un Papa han sido sobre la homosexualidad: ha reconocido que no es nadie para juzgar a los homosexuales y que hay que integrarlos en la sociedad, consciente de que todavía queda un camino por recorrer, aunque ahora se haga más corto gracias a sus palabras. Gracias a Dios, fin se da este gigantesco paso que la sociedad debe reconocer como un gran avance en el pensamiento tan retrogrado que tenía la Iglesia en esta cuestión. Esto no significa que estemos ante un Papa moderno sino ante un hombre coherente. Será difícil que la Iglesia avance en otros aspectos o apruebe ciertas cosas con las que está totalmente en contra, pero eso ya forma parte de una ideología a la que cada uno se suma o no según sus creencias, al igual que con las ideologías políticas. Todas estas declaraciones del Papa Francisco desendiosan un poco al representante de Dios en la tierra, lo ponen al nivel del ser humano y hacen que la Iglesia se reconcilie un poco con el pueblo y el pueblo con Ella.

Rosana Güiza Alcaide