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A QUIÉN CORRESPONDA

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Rope-a-dope

Francia: El último triunfo del Romanticismo

Mayo 9, 2017
emmanuel brigitte

Emmanuel es hijo de los Macron y Brigitte, hija de los Trogneux. Como Romeo era hijo de los Montesco y Julieta de los Capuleto. Emmanuel y Brigitte ocupan ahora El Elíseo. Una residencia conquistada tras el triunfo de su amor intergeneracional. Un amor prohibido, clandestino y furtivo. La resolución de su amor ha traído consigo la reconciliación de una Francia que se lame muchas heridas abiertas, demasiadas. Heridas sin cicatrizar en su economía, en su sociedad, en su cosmopolitismo y en su bilateralidad internacional. El ungüento del romanticismo parece ser el bálsamo necesario para que el pueblo galo recupere su chauvinismo idiosincrático. Europa está ávida de amor. Y Francia lo ha encontrado en la epopeya pasional de Brigitte y Emmanuel. El triunfo de su amor es el triunfo de la voluntad del pueblo.

Con casi un cuarto de siglo de diferencia de edad, Brigitte cayó rendida ante los encantos de un efebo desgarbado que ejercía el papel de alumno de francés y teatro antes de evolucionar al rol de amante. Emmanuel, un joven decidido y de ideas inconcusas, luchó de manera irracional contra todo lo que le impedía dar rienda suelta a su amor ilegal, incluso su familia. Cuando lo desembarazaron de los brazos de su maestra, con apenas 17 años, escribió una nota profética en la que advertía: “hagan lo que hagan, me casaré contigo”. Como si fuera la Lolita de Nabokov, en 2007 Emmanuel cumplió su promesa tras el divorcio de Brigitte con su primer marido con el que tuvo tres hijos. Fueron felices y comieron perdices.

Hoy han pasado otros 25 años desde el primer encuentro entre Emmanuel y Brigitte y, con la edad que tenía su maestra cuando se conocieron, Emmanuel se ha convertido en Macron para alzarse con la presidencia más joven de la V República Francesa que está a punto de cumplir 60 catorces de julio. El espíritu del efebo desgarbado que encandiló a su profesora de teatro, ha enamorado ahora a 21 millones de franceses porque un día se conjuró para ser presidente de Francia “hagan lo que hagan”, como lo hizo cuando tenía 17 años.

El país de la Revolución nos ha regalado una de esas historias de las que cada vez el orbe se encuentra más huérfano. Uno de esos romances que escasean en la literatura popular. Un homenaje a los sentimientos, a la honestidad y al amor sin límites.

Como en todo cuento tradicional hay un ogro, una madrastra o un lobo. Una archienemiga, Marine Le Pen, que se ha granjeado el apoyo del 34% del electorado, unos 11 millones de franceses en términos absolutos, que se dice pronto. Unas cifras que doblan las conseguidas por su padre, Jean Marie Le Pen, 15 años atrás. La amenaza de la ultra derecha no se acerca, ya está aquí, llámese Wilders o Le Pen. Que en países como Holanda o Francia se haya quedado a las puertas de tomar las riendas de estas potencias continentales es un dato que no hace más que confirmar las tesis que defienden la victoria de Trump en Norteamérica, del Brexit en el Reino Unido o de AfD en las regionales germanas.

El amor no nos dará las respuestas al porqué de este ascenso en tromba de los votantes de la derecha más extremista. Será labor de los gobiernos más cabales y coherentes analizar los motivos que hacen derivar el descontento social hacia el derrotero del odio a lo ajeno. Es tiempo de tomar decisiones y de acertar con un solo diagnóstico. Porque una nueva afrenta económica ya está aquí. Porque la crisis de identidad de Europa es alarmante. Porque el conflicto de razas y religiones es el principio del fin. Porque un fantasma recorre Europa: el fantasma de los extremos.

Jesús Prieto