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¡Qué fuerte!

Fran, “el desahuciador”

Noviembre 8, 2012

La economía en general es difícil de entender para muchos y menos ahora, que con la crisis que está cayendo, nunca habíamos oído hablar de la prima de riesgo, de Standard & Poor´s, amnistía fiscal, deuda pública y deuda soberana, el FROB, o devaluación fiscal. Sinceramente, no creo que muchos seamos capaces de explicar bien al menos dos de estos términos. La última palabra que está de moda es “desahucio” que no es otra cosa que echar de su casa mediante acciones legales a quién no la paga. Están a la orden del día por varias razones, pero sobre todo, por culpa de esta crisis que está siendo despiadada con la clase media española. 

Cierto es que mucha gente ha vivido por encima de sus posibilidades gracias a los préstamos; bueno piso además de casa en el pueblo o en la playa y el buen cochazo que no falte. Los bancos daban créditos a cualquiera sin ton ni son y con condiciones hipotecarias demasiado exigentes y ahora las consecuencias son desastrosas. La subida del paro ha hecho que cintos de miles de familias no puedan pagar sus hipotecas y los bancos hayan ido a por ellos a degüello y sin piedad. Se empieza con una demanda por parte de la entidad financiera, después el piso sale a subasta por el precio de tasación y, finalmente, si nadie puja por el, pasa a ser del banco por un precio determinado por la ley. Así, de esta manera resumida y mal explicada pero entendible, es como se echa a la calle a una familia. Alguna solución hay que dar, algo hay que hacer. Incluso la abogada general de Justicia de la Unión Europea ha dictaminado que la ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria, ya que no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas. Quizás el Gobierno, en lugar de rescatar a los bancos, debía destinar ese dinero a rescatar al ciudadano. 

 
Sufrir al ver sufrir
 
Fran es funcionario judicial y en los últimos meses tiene más trabajo que nunca. Casi todos los días tiene que ir a una casa para realizar un desahucio, (por ejemplo, sólo en la provincia de Barcelona se realizan mil al mes según ha desvelado un juez) . Siempre acompañado por la policía, cuando llama al timbre para decir a una familia que tiene que marcharse y que ha perdido su hogar para siempre por no pagar, se le cae el mundo a los pies. Con un nudo en la garganta y los ojos cristalinos al borde de la lágrima al ver la cara de una madre destrozada por el dolor y el llanto y de un padre con el rostro ajado por el duro golpe que le ha dado la vida al dejarlo sin trabajo, sin recursos y ahora sin hogar para los suyos. A Fran no le gusta lo que hace. Sufre al ver sufrir. Llora al ver llorar. Le cuesta conciliar el sueño pensando donde dormirá esta noche esa gente a la que ha echado hoy de casa. Si pudiera impedirlo de alguna manera, si pudiera ofrecerles su pequeño estudio de 53 metros cuadrados en el que vive de alquiler con su chica… En cuanto pueda, Fran dejará este trabajo. Ahora mismo es imposible, él también tiene que pagar su techo bajo el que dormir.
 
Rosana Güiza Alcaide