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¡Qué fuerte!

Estrasburgo: Licencia para matar

Octubre 24, 2013

Hoy me pongo en el lugar de las víctimas del terrorismo, de violaciones y de asesinatos, en el lugar más cercano que se puede estar de ellos, en el sentimiento y en la decepción, porque ponerse en la piel es imposible. Por mucho que queramos, por mucho que nos duela, jamás llegaremos a saber lo que se siente cuando te matan a un hijo, a un padre o a un hermano en una guerra que no es la tuya por culpa de unos ideales absurdos. España está de luto porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tumbó esta semana la Doctrina Parot por la cual, la reducción de penas por beneficios penitenciarios se aplicaba respecto a cada una de ellas individualmente y no sobre el máximo legal permitido de permanencia en prisión.

Esto impedía que un asesino etarra, cualquier otro asesino o violador disfrutara de su libertad antes del tiempo establecido o, lo que es lo mismo, hacia que estuvieran en la cárcel un poquito más de tiempo sin poder disfrutar de esos beneficios. Bien, pues una tipeja que mató a veinticuatro personas inocentes recurrió y Estrasburgo ha decidido que la justicia española debe indemnizarla y dejarla en libertad porque se estaba vulnerando el Artículo 5 del Convenio Europeo de Derechos Humanos sobre el derecho a la libertad y a la seguridad. Frente a las lágrimas, la rabia y la impotencia de las víctimas está la alegría, risas y celebración de la etarra que ya está en la calle y sus secuaces.

¿Quién protege a las víctimas?

Ante esta sentencia, no cabe otra cosa que preguntarse dónde están los derechos humanos de los que murieron o sufren las secuelas, dónde está la libertad de un país oprimido por una banda terrorista durante tantos años, dónde quedó la libertad y la seguridad de los muertos, de los extorsionados, de las violadas, etc. La libertad está en un ataúd, en una tumba, en un cementerio, en un psicólogo y psiquiatra, en la memoria de los que se quedaron aquí vivos, pero sobre todo la libertad está hoy en unos asesinos que están en la calle. Justo ayer, cuarenta y nueve etarras más pidieron su excarcelación inmediata en aplicación de esta sentencia que da licencia para matar.

Podrían decirse muchas cosas a esos señores que han votado para que esto suceda: que no tienen ni idea del error que han cometido, que tendrían que ser padre, hijo o hermano de un asesinado o violado, que ojalá estos que han quedado en libertad y los que vienen detrás se vayan a vivir donde ellos, allí, a su ciudad, a su barrio, a su bloque, y un sin fin de cosas más. Pero ya es tarde. Ahora sólo puedo acordarme de las familias de las niñas de Alcácer, de la familia de Miguel Ángel Blanco, de los familiares y afectados del atentado de Hipercor, de Guardias Civiles, Concejales, Policías, ciudadanos de a pie y un sin fin de víctimas de la violencia y el terrorismo. Hoy la memoria de los que murieron se ha empañado y no podemos sentir otra cosa que rabia, impotencia y decepción por no haber sido capaces de impedir que Estrasburgo tomara la decisión que tomó. Sólo nos queda salir este domingo a la calle para que se oiga nuestra voz, nuestro grito amargo y demostrarle al mundo que estamos hartos de que nos tomen el pelo. Estaremos todos a las 12.30h este domingo 27 de octubre en la Plaza de Colón de Madrid. Por ellos, por nosotros, por todos.

 
Rosana Güiza Alcaide