Menú Portada
Otras opiniones

Estocolmo: verde y azul.

Marzo 20, 2013

Quizás no exista en el mundo un lugar tan desdichado y encantador como esta bella ciudad de Escandinavia, y lo es porque, hasta hace muy poco, encabezaba la lista de suicidios en Europa. Cuando uno quiere acabar con su vida, digo yo que ha de elegir muy bien el escenario y rodearse, al menos, de una súbita e incomparable belleza.

Un estudio reciente del profesor Andrew Oswald, de la Universidad de Warbick, revela que los países con la tasa más alta de felicidad también están a la cabeza en suicidios per cápita. Tan asombroso estudio no nos puede dejar indiferentes ya que lo primero que se nos debe pasar por la cabeza es que algo raro está pasando en este alocado y pluricultural mundo.

Pistoletazo a la primavera

Estocolmo es una ciudad bien pensada, entre sus aguas y sus bosques, entre el azul y el verde, con bastante blanco por cierto, cuando amanece nevada en invierno. Sin embargo el ansiado buen tiempo es siempre esperado. El primero de mayo es para sus habitantes el pistoletazo de salida a la estación florida. La noche de brujas, o de Walpurgis o Valborgsmässoaftonen marca el inicio de la primavera y se celebra profusamente en todos los rincones de Suecia.

En el centro de la ciudad existe un pequeño vestigio del pasado sueco llamado Skansen, en donde se puede uno pasear sintiéndose parte activa de la sociedad sueca de los últimos siglos, ya que es seguramente un Museo vivo de arquitecturas anteriores, otro de los oficios (con recreaciones de viejas fábricas de pan o de joyas  hasta un taller de vidrio soplado). Por otro lado es también un zoológico donde se pueden encontrar “suequísimos”  ejemplares y, cómo no, donde se muestra uno de los símbolos del país: el alce.

Ejemplo de oferta cultural

Si decides aventurarte y viajar a Estocolmo no olvides que, la ciudad es un ejemplo en limpieza, en atención a los más pequeños y en oferta cultural. Nadie te dará la espalda aquí, pues el sueco (o sueca) es en general afable, buen conversador y una excelente compañía para la práctica de cualquier deporte o para realizar una visita a la vasta naturaleza. Suecia está inundada de lagos, desbordada de vegetación y sumergida en olores a bollos recién hechos.

Estocolmo posee numerosos barrios, desde el más genuino -Gamla Stan- o ciudad vieja hasta los modernos entre los que destaca el Östermalm, el barrio más caro de Suecia donde viven personajes de la vida pública como algún componente del milenario grupo Abba o los del también, algo más moderno e internacionalmente conocido, Roxette. El tenista Bjorn Borg (que me perdonen los suecos por no usar la tipografía correcta) también habita en este lugar. Pero es que además, muy cerca de la Ópera, suelen alojarse en el Gran Hotel, los ganadores anuales de los Premios Nobel, que se entregan en el cercano Ayuntamiento de Estocolmo. Merece la pena pasear por la plaza porticada de éste y otear la ciudad vieja desde este lado de los canales así como dejarse guiar por el interior del edificio por algún guía local.

Curiosamente existe un elevado número de suecos y suecas que estudian el español y no es nada difícil entablar conversación, en algún bar nocturno o en cualquier restaurante de los cientos que existen en las inmediaciones, con personas ávidas de practicar nuestro idioma.

Los suecos, a diferencia de los españoles, no se hacen nunca los suecos, se integran perfectamente en cualquier situación por caótica que esta parezca. Son ampliamente resolutivos y prácticos. Por ello seguramente han creado un país con tan altas cotas de ideales socialistas dentro de los parámetros del libre comercio y los postulados de la moderación liberal. Digamos que son bastantes inteligentes hasta para eso, algo que a nosotros tanto trabajo nos cuesta hacer por aquí si seguimos con siglas e ideologías políticas muy anticuadas y sin adaptarlas al siglo XXI.

Ciudad para los niños

Estocolmo está, como decía anteriormente, totalmente pensada para los niños. Uno encuentra guarderías por todas partes, incluso lugares, donde serán atendidos de la mejor manera, mientras se realizan gestiones en cualquiera de los edificios administrativos o privados. Se tiene un especial cuidado por los niños porque son, como ellos mismos suelen decir, el futuro de una mejor sociedad. Nada puede ser mejor que poner a disposición de los usuarios un sistema en el que se potencie el trabajo eficiente  y así poder disfrutar más horas de la familia y amigos y especialmente de los más pequeños.

Cuando camino la ciudad no he podido dejar de pasar cerca de uno de los edificios que más me fascinan, desde los tiempos de estudiante en la Escuela de Arquitectura de Madrid hasta hoy, y que fue concebido por el genial arquitecto Gunnar Asplund como biblioteca pública. Rotundo edificio compuesto por algo tan sencillo como un cilindro sobre un gran basamento prismático, posee uno de los atrios interiores que más debieron influir a Fernando Higueras, otro gran maestro al que admiraré siempre, y que con La Corona de Espinas en la Ciudad Universitaria en Madrid (hoy el Centro de Restauración Nacional), rinde justo homenaje a aquél.

Derecho a “acampar”

Sin duda este insigne lugar del globo, surcado por el Círculo Polar Ártico, atesora  la magia que los países latinos ya no tenemos y que posiblemente hayamos perdido en la vorágine consumista y urbanizadora. Estoy hablando del mejor de los tesoros: el derecho que tiene cualquier visitante a acampar en la casa de otro por unos días. Parece absurdo pero así es, se puede plantar una tienda de campaña en cualquier jardín “privado” y pernoctar allí, y así tienen a bien demostrar todos y cada uno de los suecos. Esta es la prueba de la verdadera integración y la demostración de una gran sociedad abierta donde la propiedad particular lo es muy relativamente.

Como no podía ser de otra manera, he experimentado en propias carnes esta placentera sensación; hace años me lancé a probar esa invitación que cada habitante nos hacía. Lo más fascinante de todo es que por la mañana estás invitado a desayunar, eso sí, si has caído bien o tienes el suficiente desparpajo para entablar amistad con alguna bella dama propietaria del jardín donde has plantado tu tienda.

A pocas horas de España

Al contrario de lo que uno cree, Estocolmo está muy cerca desde Madrid. Un vuelo directo entre la T4 de Barajas y el aeropuerto de Arlanda nos une en pocas horas (sigue siendo un misterio para mí que los aviones aterricen con las pistas cubiertas de nieve allí y que en Barajas, con dos copos, no lo puedan hacer). Sin duda la inmensa preparación de la mente sueca para el frío ha hecho calefactar las pistas de aterrizaje para jamás quedarse incomunicados con el resto del “suequísimo” mundo.

La experiencia pasada en Estocolmo me llevó nuevamente a mostrar esta ciudad a mis entonces cuñados Gonzalo y Miriam, a los que aprecio y recuerdo con agrado, y a poder compartir con ellos una velada en el Restaurante más glamuroso de la ciudad, en el edificio de la Ópera. Asistimos todos vestidos para la ocasión, algo que la gente no mira tanto como en Madrid, con tejanos y camisa informal. Recuerdo que se preguntaban alrededor de qué extravagante grupo musical éramos para ir con tal indumentaria. Sin embargo nadie nos dijo absolutamente nada mientras observábamos los bonitos trajes de noche, diversidad de chaquetas y de corbatas que nos rodeaban y el “glamour escandinavo”.

Con el interés de poder contemplar la enorme cantidad de terreno que la ciudad ha fagocitado entre extensas aglomeraciones de árboles y miles de entrantes de agua nos dirigimos al día siguiente a la torre de la televisión. Lugar éste desde donde se puede admirar uno de los atardeceres más sobrecogedores en la vieja y “neutral” Europa.

Una vez arriba quedamos perplejos por la cantidad de campos de golf que se podían ver. Admiramos con agrado las extensiones de agua, bosque y viviendas (casas bajas unifamiliares en su mayoría) exageradamente integradas en el paisaje.

Esa noche saboreamos un delicioso licor de arándanos mezclándonos con los habitantes y sus costumbres para abandonar, al día siguiente,  la capital de Escandinavia con la mente abierta al mundo del paralelo 59 latitud Norte.

 
Antonio Lambea Escalada. Arquitecto.