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¡Qué fuerte!

Essena, la enferma social

Noviembre 6, 2015
essena

La vida es eso que pasa mientras miras el móvil. Es la última genialidad que he visto en fundas de teléfonos móviles y ¡con toda la razón!. Antes la gente hablaba en los bares y en el salón de casa, leía en el metro o en el autobús, escuchaba música mientras paseaba o simplemente miraba y disfrutaba de la vida.

Los conciertos se vivían, ahora se graban y fotografían. No levantamos la vista de la pantalla del teléfono móvil ni para cruzar un paso de peatones. ¿Quién despega los ojos del teléfono en Nochevieja, por ejemplo, para ver los cientos de mensajes que recibe para felicitar el año mientras se pierde celebrar un acontecimiento tan importante? Estamos absorbidos completamente por las redes sociales. ¿Se sabrá en las estadísticas de divorcio cuántos son causados por culpa de Facebook, Twitter o Instagram? Lo que no nos da el de al lado lo buscamos de manera ficticia en las redes sociales, nos ilusionamos con ilusionar y gustar a los demás sin preocuparnos de los que están a nuestra vera que son de carne y hueso.

Vida paralela

Quizás no sea así y puede que descuidemos a quien nos quiere precisamente, no porque ya no nos de lo que queramos o nos aburra, sino porque nosotros mismos le hemos dejado de lado por culpa de una vida paralela en la que es más importante ser aceptado por gente desconocida que por tu propia familia. Perfiles falsos y gente que se esconde detrás de fotos de huevo con nombres inventados para insultar, para mentir o simplemente para espiar. O perfiles reales que, por casualidad, pasan a ser seguidos por millones de personas. De repente, quien está detrás, comienza a tener una vida por y para las redes y de cara a la galería. Da igual la edad; jóvenes y adultos estamos abducidos por internet.

Ahora hemos sabido que una famosa modelo australiana llamada Essena O’neill de 18 años ha decidido desintoxicarse de las redes. Seguramente no sepan de quién se trata pero según los medios es famosísima. La estrategia es buena: la chica ha decidido contar los años que lleva, desde los 12, haciéndose cientos de selfies para elegir uno para subir, los montajes, las apariencias y la dependencia de las redes con el fin de obtener la aprobación de los demás para ser feliz. No sé hasta qué punto esto es cierto. Supongo que para desintoxicarse de algo, como de una droga o de un amor, hay que dejar de tomarlo o de verlo. Ella, por lo pronto, ha duplicado el número de seguidores. Buena manera de alejarse de esta “enfermedad social” que padece. Ahora tiene enganchados a cerca de millón y medio de followers para ver cómo se desengancha. Paradójico. Quiere ayudar a que jóvenes como ella se desintoxiquen de las redes sociales y lo hace creando más adicción. Sea como sea, quizás lo que ha hecho esta cría haya servido, al menos, para reflexionar sobre el tiempo que empleamos, por no decir perdemos, en esa vida paralela de las redes sociales que nos hace descuidar, y a veces hasta perder, la vida real y a las personas que en ella hay.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com