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¡Qué fuerte!

España, piel de toro, a pesar de algunos

Julio 29, 2010

El foie gras es hígado graso, el hígado de pato, oca o ganso hipertrofiado a propósito, es decir, al animal se le somete a una sobrealimentación para que el hígado se le deforme. Para ello se tiene que inmovilizar al animal e introducirle la comida a través de un tubo metálico para obligarle a comer. Pero qué rico está el foie, ¿verdad? ¿Y las chuletillas de cordero? Buenísimas hechas con leña de jara o con sarmientos. Pues para degustar unas buenas chuletillas de lechal primero hay que matar al cordero. Y sólo hay una manera; se le degüella, se recoge toda la sangre, qué luego está muy buena también con cebolla frita, hasta qué finalmente muere. La matanza es otro de los momentos más importantes de la cultura española a nivel gastronómico y social. Para matar al cerdo hay que degollarlo, porque a besos no se mata a un cerdo. Aunque es cruel, es la única forma de que el cerdo se desangre por completo. ¡Y de este animal nos lo comemos todo!

Pero si nos vamos de la carne al pescado, pasa exactamente lo mismo. El pescado, cuando sale de su hábitat natural que es el agua, muere por asfixia porque pasa a una atmósfera en la que no puede respirar. Una vez fuera del agua, al pez hay que darle un golpe, decapitarlo o dejarlo morir para que luego nos lo podamos comer. Por ejemplo, el atún de almadraba que, una vez elegida la pieza, se tiene que desangrar y se le clavan arpones. Se puede continuar poniendo ejemplos de cosas que comemos que suponen una tradición cultural y social el que se hagan como se hacen. Al igual que los toros.

Hipocresía

El toro de lidia no tiene otro fin en la vida que ese, ser lidiado. Además de aprovechar su carne, y su rabo sobre todo, en la gastronomía, el toro bravo es criado para ese fin, para la lidia y no como animal de compañía. Y sin ese fin, se podría perder esta especie animal. Además, el toreo es un arte ancestral, una tradición española que nos caracteriza y que nos identifica allá donde vayamos y no como algo cruel, sino como un arte. España tiene forma de piel de toro y es, para el resto del mundo “ole”, “torero” y “paella”, y no “asesinos” y “maltratadores” como quieren hacer ver unos cuantos que bien que se comen buenas chuletas de cordero, foie y jamón de pata negra y que votan a favor de la ley del aborto porque para ellos un feto humano es menos importante y sufre menos que un toro.

Después del toro

Hasta el propio ser humano sufre cuando muere. Es ley de vida y toda muerte implica sufrimiento. Pero, a este paso, que se vayan preparando todos los que nombré al principio porque después del toro, van cerdos, corderos, patos, lubinas, boquerones y calamares. Las próximas recogidas de firmas en Cataluña serán “no al fuet”, “no a la butifarra blanca y negra” y “no a la llonganissa”. De hecho, los políticos y antitaurinos catalanes sólo comerán deliciosos calçots con salsa romesco. También habrá un movimiento “contra los menores de edad en los castellets” ya que alguno ha muerto tras caer de uno. O puede que no. Puede que creamos que los antitaurinos catalanes lo son por el sufrimiento del animal y en realidad lo sean por el significado que tiene lo taurino: lo español.

Lo siento por los muchos aficionados taurinos catalanes porque, a partir de ahora, tendrán que desplazarse a Francia para ver corridas de toros típicas y tradicionales españolas. Aquí empieza el fin de una tradición. O no. Quizás quepa la posibilidad de que se construya una plaza de toros en el puerto de Barcelona, ya que la gestión portuaria es competencia estatal. Sería una salida, por el bien de la fiesta nacional y por el bien de la libertad.

Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com