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Mi Tribuna

España, ¿hacia un espacio ingobernable?

Diciembre 20, 2015
elecciones

Había cierta sensación de desánimo en el Partido Popular durante toda la jornada. Una especie de melancolía sobre lo que podía ocurrir merced a la percepción de cómo había transcurrido la campaña electoral pero, sobre todo, de una encuesta interna que manejaba el partido desde hace días. Fueron cerrarse las urnas y ver los primeros sondeos para hundir aún más esas expectativas.

¿Qué nos ha podido pasar? Se preguntaban entre el cierre del viernes, la reflexión del sábado y la jornada decisiva del domingo. Pero esa misma pregunta se trasladaba también a las filas socialistas para intentar comprender las razones de lo que se aventuraba como el peor resultado de su historia arrasado por la avalancha de Podemos que ha captado buena parte del renovado voto de izquierdas.

Fracaso “dulcificado” para PP y PSOE

Era, sin duda, el presagio de un buen varapalo para los partidos tradicionales, los abanderados del denominado bipartidismo que se apresuraban a preparar la mudanza para los nuevos tiempos políticos que se avecinan.  Después algunas cosas se dulcificaban, pero sin grandes alardes porque estábamos, con toda la decoración que quieran ponernos, ante un fracaso estrepitoso para PP y PSOE. Los socialistas, que comenzaban la noche de recuento con la moral por los suelos, fueron remontando pero siempre lejos de unos resultados dignos teniendo en cuenta que, tras las últimas elecciones autonómicas y municipales, aumentaron cuota de poder territorial que debería haber servido para sumar en lugar de retroceder.

Ahora bien, la suma de fuerzas perdedoras puede ser suficiente para marcar la agenda de la gobernabilidad futura porque es evidente que las expectativas de Ciudadanos no han llegado ni de lejos a lo que ellos mismos esperaban. ¿Por qué? Tras Albert Rivera o Inés Arrimadas no hay una continuidad confiable; más bien nos topamos con un grupo de arrimistas que, con la hoguera encendida de UPyD, decidieron buscar cobijo en la supuesta fuerza emergente que se ha quedado a medio camino.  El partido naranja está obligado a repensar su estrategia. No lo olvidemos: durante la campaña electoral varias encuestas le situaban  prácticamente empatado con el PSOE y la realidad le ha enviado al cuarto puesto del escalafón con una importante conclusión que desde la militancia no escondían. O se rearman o será un partido con fecha de caducidad.

Llegan los tiempos de pactos

Esto es, que después de la noche electoral llegan los tiempos de pactos donde existen tantas cábalas que ahora mismo no sabemos si el próximo presidente del Gobierno español mide cerca de dos metros, lleva coleta, barba o es una mujer…  Puede que estemos ante una situación ingobernable donde tengamos que echar mano de la calculadora para ver si el bloque PP-Ciudadanos es más numeroso que el de PSOE y Podemos, porque habrá que contar hasta el último voto y estar muy pendiente de lo que diga el sufragio por correo. Es decir, que como todo cuenta, también será necesario dirigir la mirada hacia los partidos nacionalistas que, beneficiados por la ley electoral, disfrutan de unos privilegios que algún día alguien debería replantear. Quizá, el golpe de estas elecciones avive la necesidad de reformar una ley manifiestamente mejorable.

Lo que parece evidente, y mentira, es que Mariano Rajoy vaya a ser el primer presidente de la democracia que no consigue repetir tras su primera legislatura. En estas elecciones, quien gana es quien gobierna y el partido ganador tendrá casi imposible gobernar salvo que los futuros acuerdos nos enseñen otro escenario que nadie de los que analice a fondo lo ocurrido este 20-D pueda ser capaz de aventurar.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68