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Mi Tribuna

Escrache de sujetadores a la incontinencia verbal de un alcalde del PP

Septiembre 7, 2014

El alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, incendió el final del verano con sus famosas declaraciones sobre aquello de compartir ascensor con una mujer. Sí, recuerden eso de “que le daba reparo por si alguna le tenía ganas y se soltaba el sujetador para buscarle las vueltas.El lío monumental provocó un reguero de críticas en las redes sociales y en los partidos políticos, incluido el del regidor que desde el año 96 garantiza la alcaldía vallisoletana al PP con sus sucesivas mayorías absolutas. No hubo piedad con León de la Riva, a pesar de sus disculpas inmediatas al patinazo; incluso compañeros de formación le recomendaron alguna lectura de Freud como antídoto a sus incontinencias verbales. Hace tiempo fueron famosas sus alusiones a los morritos de la entonces ministra Leire Pajín, pero no ha sido el único desliz de un político acostumbrado a decir lo que piensa con la incógnita de saber si piensa lo que dice.

Quizá la nueva ley electoral que pretende impulsar Rajoy salve alguna plaza sensible, alcaldías en el alambre de esos pactos a dos o tres que quiere erradicar el presidente sacando de la manga el privilegio de la lista más votada. León de la Riva podría ser uno de esos afectados por el beneficio de la duda mientras se mantiene como candidato que gana elecciones en un clima enrarecido por ese carácter incontrolable que le ha venido caracterizando.

El hombre, desprotegido ante denuncias falsas

En estos días le han llamado de todo: misógino, machista, soberbio, prepotente… mientras volvía a pedir disculpas, le solicitaban la dimisión y las mujeres de su grupo político promovían un manifiesto de apoyo. Y todo, con una expectación mediática que trajo hasta Valladolid hasta un corresponsal del New York Times

Pero la explosión de sus palabras, sujetadores y faldas al aire incluidos, ha esquivado reflexionar sobre el fondo de una cuestión que no es baladí. En el marco legal actual, dentro de los apabullantes casos de violencia de género, el hombre está desprotegido ante esa mujer que “quiera buscarme las vueltas”, como decía el alcalde vallisoletano. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado barajan cifras sobre lo que denominan denuncias revanchistas e incluso hemos conocido casos de famosas en busca de un divorcio rentable que no han dudado en aplicar esta metodología para amedrentar a su contrario.

Protocolo común

Dentro de la política de tolerancia cero en esta materia tan sensible, todavía nadie ha desgranado el sentido de esas declaraciones que fallaron fundamentalmente en su impresentable forma. Porque  el fondo es que una denuncia en busca de venganza aplica de inmediato el protocolo que envía al hombre al menos una noche al calabozo de la comisaría con los mismos matices que un delincuente común: le quitan los cordones de los zapatos, el cinturón del pantalón, sus efectos personales, tiene derecho a una llamada, a ser asistido por un abogado y al juicio rápido de la mañana siguiente con el consiguiente paseíllo esposado tras bajar de un furgón policial, que viene a ser la culminación de la ‘vendetta’.

¿Cuáles son los derechos de ese hombre sometido durante horas a semejante castigo si el caso se archiva? Pues básicamente el del pataleo, aunque puedas elevar recursos o intercambiar denuncias que, tras la experiencia, habitualmente se queda todo en un pasar página para olvidar lo inolvidable.

El alcalde de Valladolid no midió sus palabras, porque no las mide nunca, pero la opinión general tampoco se detuvo en escarbar qué es lo quería contar, sobre todo porque lo dijo después del archivo de una denuncia por violación en la Feria de Málaga. Lo más sencillo ha sido el escarnio público, el escrache de sujetadores que rodearon el ayuntamiento y las lanzas verbales propias del juego político.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid