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Otras opiniones

Es imprescindible grabar las inspecciones de trabajo

Febrero 18, 2014

Vaya por delante que conozco excelentes Inspectores de Trabajo. No es que me quiera curar en salud, porque no tengo empresa alguna. Sencillamente, los he encontrado en Cursos y Congresos y me han parecido grandes profesionales. A los que más estimo son a los que entienden de mediación.

Sin embargo, varias personas me han contado experiencias que no son alentadoras sino todo lo contrario. La última experiencia de la que me he enterado me impulsa a escribir esta columna.

A un amigo mío, que ha creado una pequeña empresa que le va muy bien, que cumple religiosamente con Hacienda y que ha ingresado más de medio millón de euros en el último año, le vino a visitar un Inspector de Trabajo hace semana y media.

Las “lagunas” del Inspector

De entrada, un señor de edad, sin identificarse, se presentó como Inspector de Trabajo y, en voz alta, conminó a los presentes a identificarse. La entrada no pudo ser más desafortunada pero, según iba avanzando el acto de inspeccionar, mi amigo se dio cuenta de las lagunas que el Inspector tenía en temas de Legislación de Trabajo. Cuando le replicaba, el Inspector exclamaba: “¡No querrá usted darme lecciones!”. Mi amigo, en tono educado, le hacía ver aspectos muy concretos que el Inspector desconocía completamente.

La inspección-charla duró dos horas y, en la última parte, el Inspector le confesó que ésta era una de las últimas inspecciones que iba a realizar, porque se encontraba cerca de la jubilación. Sin embargo, en el último momento, volvió a querer crearle inseguridad a mi amigo. Como diciendo: “Aquí no está dicha la última palabra”. Y eso, después de que tenía ante sí toda la documentación que había solicitado.

Legislación cambiante

Cuando mi amigo me contó su experiencia con detalle, le expliqué que si hay algún libro que no sirva a los estudiantes para el Curso siguiente, es el de Derecho del Trabajo. Hay tal cantidad de cambios de un año para otro que, en unas oposiciones, tendría muchas posibilidades de suspender el opositor que, en un determinado tema, respondiese con la legislación que aparecía en un libro del año anterior.

Hace dos semanas, escribí en otro digital una columna con el tema «Que los jueces salgan en las grabaciones de los juicios». No sólo los testimonios de las partes, sino las intervenciones de los jueces. 

El profesor Alfred Mehrabian estableció, hace más de cuarenta años, en su libro Silent Messages, la regla según la cual, la importancia de la comunicación Verbal era del 7%; el Paralenguaje o Comunicación Vocal contaba un 38%; y el 55% o Comunicación Visual (Lenguaje Corporal) era el factor que más contaba. 

En un juicio de faltas al que asistí hace un mes, lo que más me llamó la atención de la señora Juez era cómo asentía con su cabeza, repetidas veces, a lo que una de las partes afirmaba y cómo detenía tajantemente las intervenciones que le molestaban. ¿Se imaginan la que se organizaría en los medios de comunicación si quien entrevista en televisión comenta con sus gestos lo que el entrevistado dice? Pues eso es lo que puede ocurrir en muchos juicios.

Aplicable no sólo a los inspectores de Trabajo

Y entonces, ¿qué? Pues que los inspectores de trabajo, como los jueces han de aprender a comunicar y a conseguir no verbalmente una imparcialidad por la que les pagamos los contribuyentes. Y además, han de hacerlo pronto. Si no, van a ser pasto de los humoristas. Y el prestigio de algunos o muchos de ellos sufrirá, y mucho, cuando haya estudiantes y profesores que presenten ponencias en los Congresos y demuestren la falta de imparcialidad y de conocimientos que las cámaras pueden dejar al descubierto.

Y lo que escribo aquí sobre inspectores de Trabajo y jueces, es aplicable a inspectores de Hacienda, instructores de expedientes disciplinarios, etc, etc. No hay registro escrito alguno que una cámara de video no pueda mejorar.

Felicísimo Balbuena