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Otras opiniones

Erase una vez…Letizia

Mayo 10, 2010

La semana pasada Dª Letizia acudió a la entrega del Garbanzo de Plata y toda la prensa del corazón se hace eco estos días de su naturalidad y espontaneidad. Periodistas de aparente personalidad y que siempre le han demostrado poca simpatía han babeado y cambiado de parecer al tenerla a pocos metros. Al final esto me demuestra que siempre han existido bufones –que no clases- y que los titiriteros siempre bailan al son de la música que otros tocan. Ni que decir tiene que seguimos en la España del cante jondo, la pandereta y las Alcaldías del folclore donde cualquier advenedizo tiene la posibilidad de cumplir el “sueño español”-muy superior al americano-, de convertirse en Dios.
Reconozco que la Princesa Letizia nunca ha sido fruto de mi devoción y sí de mi pereza. Su imagen fría y distante, me recuerda a la de una mujer abducida y casi hipnotizada por una Monarquía lejana. Choca bastante la enorme sencillez de toda la Familia Real y aledaños con su aparente y no casual sofisticación. Tal vez su error sea querer sobresalir y no querer ser como el resto de las Cenicientas europeas que tanto recuerdan a cualquier chica mona tocada por la varita del hada madrina. Letizia, en cambio, se ha insuflado el cuento y da la apariencia de no haber estado nunca fuera.

Lavado de imagen

Borrar cualquier atisbo de su pasado y someterse a una transfusión de sangre añil para hacernos creer que siempre fue así es algo que el pueblo llano y plebeyo no disculpa ni olvida fácilmente. Letizia no es Rania y cualquier atisbo comparativo es odioso sino es a riesgo de parecer una mala copia de tercera. No es mi intención hacer una diatriba injusta contra ella. Todo lo contrario. Desde la imparcialidad del desconocimiento y la posición lejana en la que me encuentro creo que Letizia debería someterse a un buen “lavado de imagen”.
Es guapa, inteligente y trabajadora pero es altiva y vive demasiado pendiente del largo de su falda y del blanco nuclear de su dentadura incólume. Estoy convencida que todo pasa por una imagen más cercana al pueblo y no aquella que me recuerda tanto a la célebre del Rey Sol “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. En esta materia, la familia Ortiz sabe que un buen gabinete de comunicación obra milagros en el arte de reconstruir una imagen tocada por el infortunio y la equivocación. Su padre, Jesús Ortiz, es empleado de Estudio de Comunicación, empresa fundada por el inventor de la imagen corporativa, Lalo Azcona.
Personalmente me inclino porque Letizia contratase los servicios de una empresa experta en asesoramiento personal con reconocida solvencia y eficacia en estas lides. MZ Comunicación, con Marilé Zaera y Sonia De Maré al frente sería una opción inteligente. Letizia lo sabe bien. Una buena dosis de espontaneidad bajo la tutoría de la mejor experta en comunicación le sentaría mejor que un traje de chaqueta de Felipe Varela. Se hace necesaria que la Princesa baje del trono y se acerque a los ciudadanos. Necesita practicar el arte de la sencillez y la técnica de la naturalidad.
El día que lo consiga dejará de ser la Princesa para convertirse en su Reina. Ella, que es muy lista, lo sabe bien pero hace falta que alguien se lo recuerde.

Teresa Bueyes