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No me moverán

Envejecimiento, Pensiones y Paro

Febrero 16, 2010

De repente el Gobierno se ha acordado de que las cuentas de las pensiones públicas españolas pueden no cuadrar. De repente, cuando hay miles de estudios, declaraciones, previsiones técnicas, etc. que decían que el sistema está en peligro ¿Razones? Varias. Por el lado de los gastos:

a) La población española ha aumentado, pero el número de nacimientos ha disminuido. El número de hijos por mujer disminuyó de 2,8 de finales de los setenta a 1,2 entre 1944 y 2001 para pasar a 1,5 en estos años. Mas población, pero de más edad.

b) La esperanza de vida de los españoles ha aumentado. Desde 1991 a 2007 ha pasado de 77 a 83 años. Mas pensionistas que, además, permanecen más tiempo cobrando.

c) Las cotizaciones individuales de los últimos años han crecido, por tanto mas pensionistas, que permanecen más tiempo cobrando, con mayores pensiones.

Por el lado de los ingresos del sistema público: Una crisis económica, que tardaremos años en remontar, con más paro. Cotizaciones individuales menores y en menor cantidad global. Afortunadamente hay un fondo de ahorro importante: también se puede contar con transferencia de las cuentas del Estado al sistema de pensiones, pero el problema es que con una crisis esas cuentas van a estar para pocas alegrías.

Consecuencia: Más gastos futuros, menos ingresos presentes, peligro en la estabilidad de las cuentas. Además, incluso sin la inesperada crisis, se sabía que la demografía iba a imponer reformas. Esa fue la causa del ‘Pacto de Toledo’ donde todos los grupos parlamentarios se reúnen para hacer un seguimiento.

Las dos preguntas son por tanto: ¿Por qué ahora? Y ¿Qué se puede hacer?

Ahora porque la situación económica es grave y el Estado español debe tranquilizar a los mercados financieros diciéndole que toma medidas para sanear las cuentas públicas. Los jubilados seguirán con sus pensiones actuales, en consecuencia no se van a movilizar. Los jubilables tampoco lo sienten de manera acuciante. Por tanto, salvo el tímido rebote de los sindicatos, que tienen que salvar la cara, es una medida de propaganda de poco coste político a corto plazo. Otra cosa será a largo.

¿Qué se puede hacer? Hay dos tipos de medidas:

a) Reformar el actual sistema, manteniendo su filosofía. Las medidas son: aumentar las cotizaciones; dar subsidios por el Estado; extender el plazo mínimo de cotización; y elevar la edad mínima de jubilación. Todas ellas tienen sus inconvenientes. El aumentar las cotizaciones encarece el factor trabajo y, por tanto aumenta el paro. Elevar la edad mínima de cotización, perjudica a los que tienen trabajos más penosos físicamente. Los subsidios estatales son retrasar el problema y quitar recursos de otras necesidades sociales, además tal como están las finanzas públicas aumentan el déficit. Por último, extender el plazo de cotización afecta a quienes se suman tarde al mercado de trabajo. En resumen no hay soluciones perfectas.

b) Modificar la filosofía del sistema. Pasar de un sistema de reparto (en donde todos aportan a todos) a un sistema mixto de reparto para las pensiones más bajas (que se financie con aportaciones mínimas y subvenciones del Estado) y de capitalización (en que se permita a los trabajadores aportar cantidades voluntarias que se capitalicen a un interés básico, como el euribor más medio punto, por ejemplo). Las dos modalidades podrían ser públicas y se pueden complementar con pensiones privadas con apoyos fiscales.

Probablemente hay que enlazar los dos planteamientos, realizar una reforma paulatina del sistema actual y pensar en cambiar la filosofía del sistema a medio y largo plazo. La solución es técnicamente compleja, pero viable. Solidaria y, a la vez, justa. El problema es si choca con planteamientos ideológicos que la hagan imposible. Ese es el reto, primero de los componentes del Pacto de Toledo, después del Parlamento y, por último del Gobierno.


José Ramón Pin es director de EMBA-IESE