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Atando cabos

Ensañamiento con Dívar

Junio 6, 2012

A Carlos Dívar, presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) lo eligió y lo nombró José Luis Rodríguez Zapatero. Poco se ha recordado este aspecto, y no es, en absoluto, lo importante en todo este asunto, pero para evitar líos políticos habría que dejarlo claro. Lo nombró y eligió Zapatero. Y de la misma manera que se reprocha y se recuerda cuando lo nombran unos, se debe hacer cuando lo nombran otros. Además, fue un nombramiento que sorprendió a muchos, pero que el anterior Presidente del Gobierno se empeño personalmente. Fue un nombramiento de confianza y así lo manifestó en más de una ocasión en conversaciones informales el propio Rodríguez Zapatero diciendo que “es un juez de prestigio que sabe bien lo que hace, y que tiene las ideas muy claras respecto al proceso del final de ETA”. Era un valor para Zapatero respecto al proceso de negociación que abrió con la banda terrorista durante la primera legislatura de su mandato.

“Casus beli” por motivos corporativistas y venganzas personales

Dicho esto, el caso Dívar debe ser aclarado hasta sus últimas consecuencias, el presidente del CGPJ no puede permitirse racanear en las explicaciones del más mínimo detalle. Ofrecer todas las pruebas,  y asumir, en su caso, la responsabilidad del puesto que representa. Pero todo ello no justifica el ensañamiento. La provocación personal, el agravio y el insulto de sus propios compañeros, algunos de los cuáles  no aguantarían ni una mínima entrevista periodística. Muchos quieren hacer “casus beli” de este asunto por razones corporativistas, de venganzas personales, razones políticas o ideológicas.

Si unas acusaciones de un vocal hasta hace poco abogado de Baltasar Garzón, Gómez Benítez, son suficientes para hacer caer a un cargo de este relieve en las instituciones, la veda queda de inmediato abierta. ¿Cuántos diputados invitan a comer o cenar todos los días a costa del dinero público? ¿Qué ocurre con las dietas de sus señorías? O ¿cuántos jueces como Carlos Dívar son invitados, con dietas incluidas, a cenas, comidas o congresos del mundo de la Justicia? Comparaciones odiosas, pero se abriría la veda.

Insinuaciones e insultos que rozan la repugnancia

Conociendo los gastos, abusos y dispendios, en estos pasados años, de muchos de los que ahora le atacan, las acusaciones rozan lo vergonzoso. Pero aun así, lo peor no es el castigo de la presunción de culpabilidad. Lo nefasto y repugnante es hacer insinuaciones, en forma de acusación, sobre la vida personal, religiosa, o sexual de Divar. Y a sabiendas de que son falsas, al menos en el aspecto sexual. Más de uno ha deslizado ya frases como “las cenas con velitas con otro señor no las tenemos que pagar nosotros”. Ni con señor ni con señora, pero… ¿por qué se especifica el sexo si no es para hacer daño?

La situación, en cualquier caso, es muy difícil para Dívar. Este tipo de asuntos arrastra de forma injusta la imagen de la Justicia. Si elige dimitir estaría reconociendo al menos parte de culpabilidad, si no lo hace, la cacería continuará en el Congreso, el Supremo y en el Constitucional, con el consiguiente desgaste para la institución que representa.  

 Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio