Menú Portada
A renglón seguido

En Marzo, aguas mil

Abril 8, 2013

Nos cuentan los epígonos de Mariano Medina y Manuel Toharia de la A.E.M. (Agencia Estatal de Meteorología), que desde que se poseen datos, este último mes de Marzo ha sido el más generosamente perjudicial a la hora de remojar nuestros tierras y cuencas; incluida la provincia de las casas colgadas.

De esta situación podemos deducir, que el deshojado mes ha competido, en términos de suelta de gotas, con el más laureado del calendario; ya se sabe, “Abril aguas mil”. Cabe la posibilidad de que tenga desbordados celos el cuarto mes del año respecto de su predecesor, siempre en perennes nupcias con la caduca primavera.

Claro que, aquel inconveniente lodo tiene un barro de ventajas; el número de flores –y no me ando por las ramas- eclosionadas, satisfarán en Mayo las necesidades de los fieles acólitos de la Madre de Jesús, a la que tanto veneramos y rezamos siendo soldados de nuestra niñez (¡Venid y vamos todos con flores a María…!).

Siempre llueve a disgusto de todos

Pero la pertinaz lluvia, les ha arruinado la participación a ambos en las distintas celebraciones semanasantiles, inundadas bajo cubierta con las lágrimas del desencanto, por cogerles con el paso cambiado a los tradicionales Pasos procesionales.

Sabemos que siempre llueve a disgusto de todos, y que la naturaleza satisfaga a todo el mundo, se antoja difícil. Hemos disfrutado y padecido nuestro particular grazalémico diluvio; el más severo en sesenta años. El campo suele agradecer la incontinencia de los camaleónicos algodones que son pantuflas bajo el cielo, pero como “lo poco agrada y lo mucho enfada” –dice mi cristiana madre-, hasta  el  más rogativo  campesinado se ha visto desbordado por el exceso de generosidad de los cúmulos acumulados sobre las azoteas de nuestras necesidades.

Dos ciegos: “¡Ojalá lloviera!”, uno; “¡ojalá viera yo”, otro

No obstante, la pluviosa casuística es amplia y benigna según la circunstancia. Nos muestra que varios litros por metro cuadrado de cariño, jamás podrán arruinar por empapadura la relación de las parejas y los “parejos”. Así se encargaba de manifestarlo Gigliola Cinquetti, quien nos cantaba que… “la lluviaaa, no moja nuestro amor, cuando yo soooy feliz…”. Por su parte,  Armando Manzanero se encargaba de inundarnos de amor los corazones, al  anunciar que… “la otra tarde –no sabemos cuál-, vi llover, vi gente correr, y no estabas …”. Quizá arreciaba nerviosismo sobre el bosque de la cita, impidiendo ver el verde árbol de su amada.

En la “vespuciana” América, Gene Kelly bailaba, “cantando bajo la lluvia”; Albert Hammond proclamaba, que “nunca llueve en el sur de California…”. Acaso por esto “no llueve sobre Mojave”, donde los estadounidenses hacen prácticas armamentísticas, mientras los israelíes bombardean con yoduro de plata sus nimbos, buscando generar lluvia artificial para sus kibbutz.

Finalmente, inclinándome ante el calambur quevediano, conversación entre invidentes-: ¡Ojalá lloviera! –uno-; ¡ojalá viera yo! –otro-.

Por todo lo anterior, se entiende que en casi ninguna carta de restaurante, figure  especialidad alguna a base de lluvia; excepto la de fideos. Será porque, por la diversidad papilar de nuestros gaznates, “nunca llueve a gusto de todos”.

Paco de Domingo